Oti Rodríguez Marchante - Barcelona al día

Puigdemont se cree Messi y tampoco va

Se diría que la mejor cintura del soberanismo catalán, y no va con segundas, la tiene Oriol Junqueras, que sigue los dictados de la moda del diálogo

Oti Rodríguez Marchante
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Ccomienza el año aquí en Cataluña bajo la influencia filosófica de José Mota y su pensamiento práctico: «si hay que ir, se va, pero, ir pa ná…» Con esta idea utilitarista del movimiento, los jugadores del Barça eludieron su viaje de sujetavelas al espectáculo Cristiano, quien, por cierto, ha seguido los consejos de Rajoy y encuentra en el no hacer aparentemente nada una increíble recompensa. Y esa misma idea del «ir pa ná» es la que tiene Carles Puigdemont para no acudir a la reunión de presidentes autonómicos. Uno entiende que Messi, que es tan infinitamente superior (en lo futbolístico) a los demás, tenga ciertas reticencias a ir de segundo cuando le dan el premio al mejor; pero, ¿Puigdemont?..., ¿a quién le ha empatado Puigdemont?, ¿por qué se niega a acudir, como dijo ayer Colau, a cualquier espacio de diálogo?, ¿no es, acaso, el Presidente de una Comunidad Autónoma?, ¿y no tiene, mientras lo sean ambos, Presidente y Comunidad Autónoma, el deber de representar ahí a sus ciudadanos?

Vistas así las cosas, se diría que la mejor cintura del soberanismo catalán, y no va con segundas, la tiene Oriol Junqueras, que sigue los dictados de la moda del diálogo y hasta parece que sabe bailar el reguetón y dar sus pasitos pertinentes. De su reunión con Soraya Sáenz de Santamaría sabemos lo que hay que saber: que no puede haber referéndum (Soraya), que no solo habrá referéndum sino que además lo ganará el «sí» (Junqueras), que a efectos prácticos no hubo nada de nada, que hablaron durante un par de horas pero el «monotema» tapa el resto de los contenidos del diálogo… Y de esa reunión sospechamos lo que hay que sospechar: que Puigdemont está a por uvas, que eso llamado PDECat es una mota de caspilla en el hombro de Junqueras, que habla por los codos con la vicepresidenta y luego les recita las consignas que quieren oír a los del proceso y a los del sí o sí, que aún están dándole vueltas en la boca a la corteza de Baviera y su pretensión de que Alemania (federal, por cierto) les ponga unas urnas para darse un tajo.

Ahora, que Luis Enrique se ha mostrado como el tipo más sensato del Barça y Junqueras el más cauto del «proceso», se puede llegar a la conclusión de que aún hay que tener fe en los arbitrajes.

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