Oti Rodríguez Marchante - Barcelona al día

Puigdemont agraciado con el CUPonazo

El auténtico «proceso» en Cataluña no es de separación sino de descomposición…

Oti Rodríguez Marchante
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Ni siquiera las previsiones más jocosas podían sospechar que el cachondeo llegaría hasta donde ha llegado, del mismo modo que ahora no se puede prever hasta dónde llegará… Y eso que, cuando hace un par de años, Artur Mas empezó a usar pantalones tejanos y camisas informales (aunque limpias y planchadas), el panorama ya se dejaba ver un poco para cualquiera que tuviera un poquito de ganas de burla. Lo único malo del asunto es que todo este proceso de degeneración, de degradación física, moral y hasta estética, ha habido que vivirlo, y habrá que seguir haciéndolo mientras dure el auténtico “proceso” en Cataluña, que no es de separación sino de descomposición…

Cuánto mejor sería (y será, pues llegará a eso) haberlo visto todo ello en un documental de esos al estilo de Michael Moore, en los que un señor gordo, listo como un ajo y sin pudor en la tendenciosidad se mofa hasta el ridículo de la indigencia mental de los responsables políticos (George W. Bush ha sido el hazmerreír en las películas de Moore), y que en nuestro documental sobre el rumbo y la rumba de Cataluña habría tanto opositor a ser la figura más lela del proceso que quizá precisara de varios capítulos para que cupieran todos. Por lo pronto, ayer, o sea a dos años vista, o así, desde que Artur Mas se puso sus tejanos planchados y con raya, el señor Puigdemont, al que también se le aprecia una mirada larga, profunda, hacia el horizonte, dio por roto algo llamado «el pacto de estabilidad», que es, evidentemente, el nombre más apropiado para llamar a un acuerdo con la CUP, partido que, otra cosa no, pero estabilidad da muchísima.

Cualquier otro punto de los anteriores hubiera servido, pero creo que en éste último ya no se puede evitar esa pregunta retórica y realmente ofensiva y fuera de lugar (y me excuso por no aguantarme y ponerla) de «¿se puede ser más tonto?». Y aunque la pregunta sea retórica, puede tranquilamente contestarse con un rotundo sí, claro que se puede ser más tonto, y no hay más que esperar a las inminentes próximas elecciones catalanas para comprobarlo… Por cierto, con tantas “elecciones plebiscitarias” en Cataluña, ¿dónde abren un hueco en el que quepa un referéndum?, ¿y otro hueco en el quepa otra embajada?...

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