Ángel González Abad - LOS MARTES, TOROS

Por la puerta grande de la Monumental

En este 2017 que estrenamos, los aficionados, que han luchado de manera titánica porque la fiesta siguiera viva en esta tierra, únicamente quieren que se cumpla la ley

Ángel González Abad
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Comienza 2017, un año en el que los aficionados catalanes tienen puestas todas sus ilusiones por volver a los tendidos de la Monumental barcelonesa. Razones de peso tienen para mantener vivo ese anhelo tras conocerse la sentencia del Tribunal Constitucional que tumbó la prohibición de las corridas de toros en Cataluña.

La plaza de la Ciudad Condal lleva cinco años cerrada a cal y canto, preparada para que en cualquier momento vuelvan a sonar clarines y timbales, pero con el candado político en la puerta. Se viven días clave para del devenir de la plaza de la Gran Vía. Los silencios de la empresa y de la propia Generalitat solo han sido rotos por la alharaca de Esquerra Republicana, que se lanzó en el Ayuntamiento de la capital catalana a la compra del recinto taurino. Fue una jugada que no se sabe muy bien si era un globo sonda o un tirarse a la piscina de forma inconsciente. Hay juego subterráneo, qué duda cabe. Otra cosa es que ese juego sea limpio o sucio, y que la partida se alargue más de lo que sería necesario.

En este 2017 que estrenamos, los aficionados, que han luchado de manera titánica porque la fiesta siguiera viva en esta tierra, únicamente quieren que se cumpla la ley. Algo tan sencillo y comprensible, y que por estos lares no es algo que suceda de forma habitual. Hacer cumplir las sentencias judiciales, ¡qué barbaridad! Pues sí, solo eso, tan solo eso. Que las corridas de toros ya no están prohibidas en Cataluña, que se acabó la condena y que es tiempo de recobrar libertades cercenadas.

Lo que suceda en este 2017 ya será cosa de la política, de la economía..., o mejor dicho de los intereses políticos y económicos, pero no de la ley, nada que ver con la Justicia. Así que mientras siguen las maniobras en la oscuridad sobre el futuro de la Monumental, toda esa resistencia numantina que durante años ha batallado por un derecho legítimo, esos aficionados admirables, que como aquellos guerreros almogávares han gritado y gritan con fuerza un atronador ¡desperta ferro!, todos y cada uno de ellos ya se han ganado la puerta grande.

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