Alba Fernández de Llorens durante una de sus sesiones de lectura en voz alta a uno de sus clientes. Elena Carreras

De profesión, lectora

Alba Fernández es la promotora de una experiencia profesional singular: la lectura por horas. Con ella ha devuelto a muchas personas la afición que perdieron con la ceguera o con la edad, y ahora es cabeza de un grupo que puede atender casi toda la geografía catalana. Con voz educada en el Institut del Teatre y un año de experiencia, su cartera de clientes se acerca a los cuarenta.

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BARCELONA. Todo comenzó de la forma más insospechada. Alba leía fragmentos de novela y de ensayos a su novio. Lo hacía en voz alta. Él estudiaba Filología y a ella siempre le habían interesado los libros. Hasta que un día pensó que aquello podría ser una fuente de ingresos. Comenzó por colgar rótulos, dejó tarjetas de visita en bibliotecas y centros cívicos, habló con párrocos de algunas iglesias de Barcelona...Y pronto llegó la clientela. Hoy Alba Fernández de Llorens es la fundadora de un grupo profesional de lectura que funciona casi como una empresa.

Aunque pueda parecer extraño, muchas personas han encontrado en Alba un modo de recuperar la lectura para su vida. Sus clientes son personas afectadas por un glaucoma, o ancianos que ya no pueden ver las letras de una página o personas invidentes; también aquellas personas con vista cansada que encuentran pequeño el cuerpo de letra de los libros que conservan en el mueble del salón y que les apasionaría volver a leer como hicieron años atrás. Alba cuenta hoy con 38 clientes.

Con la mayoría de ellos se encuentra una vez por semana y les lee, «no más de una hora, porque notaba que me mareaba si leía más tiempo». También fue esta razón la que le llevó a buscar socios. Ahora la red de este servicio se extiende a Violeta y Núria, con las que coincidió en los cursos de Voz del Institut del Teatre («había que prepararse», dice). Incluso «podríamos atender a alguien en el área de Tiana y Badalona, Argentona y Mataró, Baix Llobregat y Figueres.

Afición al periódico

El servicio a domicilio es lo habitual, unas veces en casas particulares, otras en geriátricos, donde explica que cobra dos euros por leer el periódico a un grupo de unos diez ancianos: «Para ellos resulta rentable y no sólo les supone una distracción en ese momento sino que están al día de lo que ocurre en todo el mundo».

Pero también Alba ha puesto en marcha una lectura en voz alta en el restaurante La Piola, de la calle Enric Granados esquina Valencia, los miércoles a partir de las nueve de la noche.

En el caso de la lectura particular, llega a atender hasta cuatro peticiones diarias. «Primero lees, pero más adelante acabas en una conversación que resulta compañía para algunas de esas personas. Otras veces, el diálogo sigue siendo cultural: una de mis clientas ha concertado conmigo una hora de lectura y la media hora siguiente está dedicada al comentario de la obra. Hay gente muy culta, que había leído a lo largo de toda su vida y que así se reencuentra con una de sus aficiones favoritas. Para ellos es una forma de rejuvenecer también».

El catálogo es muy variado: desde «Balzac y la joven costurera china», una novela reciente de Dai Sijié, hasta los cuentos de Pere Calders o «L´agulla daurada» de Montserrat Roig. Unas veces es el cliente quien escoge, otras es ella la que sugiere. «También he leído Stefan Zweig, Neruda o Flaubert». Sabe que existe una película francesa, «La lectrice», y una obra de José Sanchís Sinisterra que lleva por título «El lector por horas» pero «esta obra de teatro no tiene nada que ver con mi trabajo: es muy pesimista, terrible». A Alba, en cambio, trabajo y afición se le unen cada vez más. Lo último es una página en Internet donde puede recibir encargos: www.lecturaxhores.com.