EL PRÍNCIPE DE ASTURIAS PARA EL PALAU

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Hace unos días se daba a conocer que la Fundación Albéniz, que preside Paloma O´Shea, ha presentado a la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música Catalana como candidata al Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2006. La primera sorpresa llegó por la procedencia de la presentación de la candidatura: una entidad madrileña muy arraigada en Santander. Una vez más no ha sido la cultura catalana la que ha defendido su propio patrimonio. En fin; lo importante es que se ha dado el paso, el principio del lo que podría ser el reconocimiento del Palau «por su trayectoria en la difusión de la música, su reconocido prestigio y la proyección internacional», según indica la propuesta que firma O´Shea.

Una vez más creo que la proximidad de ciertos dones únicos que posee Cataluña es la que impide que desde aquí se valoren en su justa medida. Arrebatadoramente hermoso, la obra maestra de Domènech i Muntaner no ha quedado anclada en un pasado remoto, porque encara el futuro cargado de proyectos, con ambición de crecimiento como lo demuestra esa nueva sala de cámara y el edificio de servicios con los que ha ampliado sus posibilidades.

Lo que no se tiene muy en cuenta es que, desde su inauguración (en febrero de 1908), este espectacular auditorio de conciertos ha seguido funcionando durante todo un siglo según el ideario de sus fundadores. Esta especial característica fue fundamental para que la Unesco lo proclamara Patrimonio Universal, acogiéndolo bajo su protección.

El edificio original es una obra maestra del «modernisme» catalán, ese estilo artístico que se hermana con el «Art nouveau» francés y con el «Jugenstil» germánico en el que la libertad creativa coge un vuelo melodramático aunando todos los oficios, hermanando la arquitectura con el artesano. Piedra, ladrillo, cerámica, vidrio, hierro y plomo son el material que da forma a esta escultura con aspecto de edificio, iluminado por inmensos ventanales laterales y por una claraboya impresionante, pieza única que representa uno de los aspectos más sobresalientes del conjunto.

El Palau nació por expreso deseo del pueblo catalán como sede de una entidad que reunía a gentes de todos los estratos sociales en torno a la música: el Orfeó Català. La actividad coral en Cataluña se convirtió en el cambio de siglo en una de las señas de identidad de su sociedad. En casi un siglo de historia, el Palau ha sido el hogar del Orfeó, pero también ha acogido innumerables noches de gala a cargo de artistas de la más diversa procedencia, sin olvidar que sirvió de sede a la OBC durante varias décadas hasta que la orquesta pudo trasladarse a su casa definitiva. Por el escenario del Palau se han paseado algunos de los intérpretes más grandes del siglo pasado, desde el mítico Richard Strauss hasta los más recientes genios de la música, como Zubin Mehta, James Levine, Daniel Barenboim o Lorin Maazel. Entre ambos extremos está toda una pléyade de estrellas universales, entre los que sobresalen Pablo Casals, Victoria de los Ángeles, o Montserrat Caballé.

La Fundació Orfeó Català-Palau de la Música Catalana se prepara para celebrar el centenario del Palau con su superficie multiplicada casi al doble, organizando varios ciclos de conciertos -sin olvidarse nunca de la música de raíz tradicional-, recibiendo la visita de miles de turistas, educando musical y emocionalmente a 50.000 niños cada temporada y brindando magia e ilusión a un público que lo ha transformado en parte de su rutina.

El Premio Príncipe de Asturias de las Artes sería para esta entidad un merecido reconocimiento a una labor incansable por la divulgación de la cultura y, especialmente, de la música. O sea que, desde ya, ¡a cruzar los dedos!