el oasis cataLÁN

Nacionalismo banal

Actualizado:

De acuerdo. Artur Mas va de farol en las declaraciones a Le Monde de la semana pasada. Ya saben: que si Cataluña pertenece por la fuerza al Estado español desde hace trescientos años, que si podría ser un Estado de la Unión Europea, que si habrá que convocar un referéndum de autodeterminación en caso de que el Estado no acepte un pacto fiscal con Cataluña. De acuerdo también cuando se interpreta el farol de Artur Mas como un intento de neutralizar las críticas recibidas después de pactar los presupuestos de la Generalitat con el PP. Si me apuran, también hay acuerdo con quien piense que Artur Mas está presionando al Gobierno para que le escuche y le tenga en cuenta. En definitiva, CiU está obligada a marcar perfil. Y de ahí esa «jugada o envite falso hecho para deslumbrar o desorientar» que constituye el farol. Pero, en todo ello, hay algo más.

Con las declaraciones a Le Monde, Artur Mas quiere consolidar ese «nacionalismo banal» (Michael Billig) que transmite una idea normal —natural, que se ajusta a criterios fijados de antemano— de la nación catalana. En principio, el nacionalismo banal se limita a la cuestión del ser y se expresa aquí y allá —con naturalidad, como si se tratara de una cosa común y corriente— a través de los símbolos, la estructura administrativa, la escuela, la lengua, el deporte, la información meteorológica y no meteorológica, los mapas o la rotulación callejera. Artur Mas pasa del nacionalismo banal del ser al del estar. Ya no se trata de que Cataluña sea únicamente una nación dotada de un determinado ser, sino que tiene derecho a reclamar una determinada manera de estar. Es decir, de existir —alojarse— donde crea conveniente y con quien crea conveniente. De ahí, la referencia a un estar independiente anterior a 1714 –la cosa no es exactamente como dice Artur Mas- que ahora se reivindica en forma de farol —o no—para el siglo XXI.