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Pegar sin que se note

No entiendo «la política» del Barça, que se queja sin quejarse y que da sin que se note, aunque siempre se nota

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LA actualidad no tiene sentido y, por lo tanto, cualquier comentario que se haga de ella estará igualmente impregnado de más tendencia y orientación que de lógica y percepción de la realidad. No entiendo «la política» del Barça, que se queja sin quejarse y que da sin que se note, aunque siempre se nota..., un poco al estilo que pregona el imán ése de Terrasa, que, según se ha publicado (su mezquita me queda un poco a trasmano, tanto física como espiritualmente, y no he asistido a ninguna de esas charlas que dicen que dice), aconseja el modo de golpear a las mujeres sin dejar señales en su cuerpo. Me gusta el Barça que deja «señales» (cinco goles, seis goles...) en el cuerpo del contrario, pero me entristece el Barça que se envuelve de vendajes y apósitos para dar el cante en la tele de un modo blando y plañidero, y con unas voces que no llevan el número a la espalda sino en plena cara, como la del tal portavoz, Toni Freixa, que ni siquiera sabe perfilarse en fatuo, granuja y altanero como Mourinho. Aun suponiendo que al Barça le asista la razón con sus «no quejas», tengo la sensación de que lo único que han conseguido es quitarle gracia y dolor eterno a aquel «por qué, por qué y por qué» del ex irritado Mourinho.

Y si no entiendo eso, cómo voy a entender las ganas de impedirle a una de las dos lenguas oficiales de Cataluña ser vehicular (también) en la educación de nuestros hijos... Ese empeño en barrer el castellano de la escuela, sin que se note, «sin romperles los huesos o hacerlas sangrar», no puede ser legítimo en una sociedad adulta, democrática y bilingüe. Y si entendiera esa obstinación que rima con inmersión, tendría que entender la anterior inmersión, o hundimiento, en tiempos del franquismo. Por eso suena tan absurdo el argumento de Mercè Escarrá, portavoz de Escuela en Catalán, cuando dice que admitir el castellano como lengua vehicular en la escuela sería como volver a la época de Franco. Una educación en catalán, en castellano y, a ser posible, en inglés nos devolvería tanto a la época de Franco como si gana la Liga el Madrid y el Barça se queja de los árbitros. Qué pena de país, o países, o països. Pero alguna vez llegará alguien y no será tonto.