Pastoras

PARECE que la culpa es del latín. Si en el Imperio Romano hubieran hablado una lengua distinta, otro gallo nos cantara en estos momentos. Eso creen, al menos, Rafaela Pastor Martínez, presidenta de la

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PARECE que la culpa es del latín. Si en el Imperio Romano hubieran hablado una lengua distinta, otro gallo nos cantara en estos momentos. Eso creen, al menos, Rafaela Pastor Martínez, presidenta de la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, y Lourdes Pastor Martínez, presidenta del Colectivo de Jóvenas -sí, «jóvenas»- Feministas de Córdoba. Rafaela y Lourdes, al contrario de lo que dan a entender sus apellidos, no son hermanas. Son madre e hija. Del padre de la jóvena, suponiendo que exista, nada se sabe. Aunque, tal como está el patio familiar, lo más probable es que nunca se sepa.

El caso es que Rafaela y Lourdes han emprendido una campaña, una más. Tiene un nombre explícito: «Campaña por la erradicación del lenguaje sexista». Y un lema inequívocamente científico: «Con el lenguaje construimos nuestro pensamiento». Para llevarla a cabo, las dos pastoras cuentan con el apoyo del Área de Igualdad del Ayuntamiento de Córdoba, aunque la asociación de la madre también dispone de subvenciones de la Diputación cordobesa y del Instituto Andaluz de la Mujer, dependiente de la Junta de Andalucía -instituciones, las tres, gobernadas por la izquierda-. Y, como lo mejor es predicar con el ejemplo, en la Plataforma no hay miembros de ningún tipo, sino «miembras», y la propia Rafaela, en una agenda de 2007, aparece identificada como «lídera» del movimiento. Y no sólo eso. Desde que vio la luz -o sea, el feminismo-, su asociación no organiza seminarios, sino «feminarios». El neologismo no es gratuito. No se trata de cambiar por cambiar. Cojan el diccionario. El de la Academia, que por algo es el oficial. Busquen «seminario». Lean la segunda acepción. Sí, la que pone «perteneciente o relativo al semen». Y ahora contesten: ¿les sigue pareciendo igualitario y no sexista organizar un seminario? ¿Verdad que no? Pues, en adelante, actúen en consecuencia.

Pero volvamos al latín, que, según Lourdes y Rafaela, es la madre de todas las desgracias. A su juicio, nada bueno podía salir de una sociedad patriarcal donde las mujeres eran «esclavas y eran los hombres los que decidían y concentraban todo el poder». Es decir, sólo podía salir una clase de género, el masculino. De ahí que tengamos el lenguaje que tenemos. Y de ahí que haya que cambiarlo. O, lo que es lo mismo, pasar a la acción. No basta con predicar con el ejemplo. Hay que predicar también con la sanción. La Ley de Igualdad debería castigar a quienes utilicen un lenguaje no paritario, sostienen madre e hija.

Todo se andará, supongo. Lo que no acierto a comprender es cómo Lourdes y Rafaela pueden seguir con el «Pastor» a cuestas. No, no me refiero ahora al género. Ni siquiera al origen latino del vocablo. Me refiero a algo mucho peor. El diccionario. La tercera acepción de la entrada «pastor»: «Semental equino o porcino». Suerte que el uso -lo indica una abreviatura- parece restringido a Uruguay. Aun así, y con todos los respetos, no puedo dejar de preguntarme de dónde demonios saldrá tanto semen.

Xavier

Pericay

PORQUE HOY ES SÁBADO