el mentidero

Ni pacto ni muerte

La realidad es tozuda y desmonta las coartadas intelectuales que la formación de Artur Mas construye para intentar convencer al votante de que a Cataluña le iría mejor emancipada

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EL anecdotario histórico asegura que el término Naciones Unidos se le ocurrió al presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt cuando esperaba a que Winston Churchill saliera del lavabo. Es posible que la expresión pacto fiscal sea fruto también de la improvisación, pues a Convergència i Unió le urgía abanderar un proyecto que aunara independencia y financiación; que fuera un poquito más allá del Estatuto catalán, pero sin llegar al concierto económico vasco. Esa indefinición concede a los nacionalistas suficiente margen de maniobra para negociar tanto con los socialistas como con ERC —incluso con los populares, que a fin de cuentas son los que gobiernan en España—, lo que da lugar a algo tan perverso como hacer depender el futuro de Cataluña de un plan indeterminado tanto en la forma como en el fondo. Dicho de otra manera, el gobierno de CiU, anticipándose a la posible llegada de Eurovegas a Cataluña, ha decidido jugarse el destino de los catalanes a una sola carta, lo que el portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, acaba de resumir en la frase «o pacto fiscal o nos morimos».

Encierra la amenaza un reconocimiento prematuro del fracaso de un ejecutivo autonómico tan volcado en sus horizontes de grandeza que olvida la necesaria política cortoplacista, esta es, la que obliga a un gobernante a solucionar los problemas del día a día y a no recurrir al «vuelva usted mañana, que entonces a lo mejor ya gestionamos todos los impuestos». Pero la realidad es tozuda y desmonta las coartadas intelectuales que la formación de Artur Mas construye para intentar convencer al votante de que a Cataluña le iría mejor emancipada.

Por tres veces ha preguntado el gobierno de CiU a la ciudadanía, vía barómetro oficial, sobre la independencia. Y por tres veces, el pueblo ha contestado que vale, que es una posibilidad, pero cada vez menos ilusionante, mientras que sentirse tan español como catalán es una constante mayoritaria en ese sondeo. Y si se le pregunta, aunque de una forma más sibilina, si prefiere pacto fiscal o muerte, la respuesta es obvia. Y la trampa también. Los nacionalistas son persistentes y, a juzgar por los tres millones de euros que están dispuestos a gastarse en este tipo de encuestas —recientemente salió a concurso un contrato con esta finalidad en el Diario Oficial de la Generalitat—, todo apunta a que el pacto fiscal o cómo se le quiera llamar volverá a ser exprimido con ayuda de algún que otro empresario de cámara de Mas.