Orwell se reencuentra con el estalinismo en Barcelona

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EL MENTIDERO

EL espíritu del George Orwell recorre estos días Barcelona en forma de obra de teatro dirigida por Tim Robbins. Cuentan que el escritor ha tenido que refugiarse de nuevo del estalinismo en la azotea del teatro Poliorama ante los tics moscovitas del Gobierno catalán, que además de fiscalizar la ideología de escritores y articulistas, encarga informes a agencias de detectives y blinda su lucha contra la corrupción.

Es sobradamente conocido que, apenas seis meses después de que José Montilla asumiera el poder, su jefe de propaganda, Antoni Bolaño, puso en marcha un mecanismo de control de aquellos periodistas a los que previamente no pudo captar para el régimen. La novedad es que el aparato ha convertido en chivo expiatorio al autor del informe, ese perfecto desconocido llamado Josep Isern Diego que, según la versión que ahora corre por Presidencia, se permitió licencias literarias que nadie le pidió.

Desde la gris y soviética sede de la Conselleria de Agricultura situada en la Gran Via de Barcelona, Joaquim Llena pagó a la agencia de detectives Método-3 nada menos que 30.000 euros por un «Estudio socioeconómico sobre las explotaciones de avellanas». Es posible que se trate de un título en clave, dado el secretismo que rodea los trabajos encargados por este departamento, el único que no ha permitido al diputado de CiU, Jordi Turull, acceder a los mismos. Y si los despachos de Agricultura intimidan, cruzar unas palabras con David Martínez Madero, el «implacable», da escalofríos. El director de la Oficina Antifraude ha decidido blindar sus investigaciones y advierte a sus colaboradores de que pueden dar con sus huesos en la cárcel si violan su contrato de confidencialidad. Qué tremenda debe ser esa ley del silencio de los socialistas, que incluso obliga al alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, a ocultar la mortal agresión sufrida por un trabajador cerca del Fórum durante la Merc_. El control del PSC desde instituciones cada vez más faraónicas y burocratizadas es casi total. El líder de CiU, Artur Mas, habla poéticamente del «impuesto del tiempo» que el ciudadano paga por culpa de un intervencionismo que, debemos recordarle, el Estatut ha disparado.