«Nunca habrá una píldora de la felicidad que cure el sobrepeso»

ESTHER ARMORABARCELONA. No hay pócimas milagrosas para la obesidad, una de las epidemias del siglo XXI que afecta al 16% de los españoles, a un 25% de la población europea y a un 25% de

ESTHER ARMORA. BARCELONA.
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No hay pócimas milagrosas para la obesidad, una de las epidemias del siglo XXI que afecta al 16% de los españoles, a un 25% de la población europea y a un 25% de norteamericanos, y tiene un elevado coste social. El doctor Josep Vidal, coordinador de la Unidad de Obesidad del Hospital Clínic y especialista del Servicio de Endocrinología del citado centro, tiene claro que «nunca habrá una píldora de la felicidad» para los que han perdido la batalla contra la báscula. Él y su equipo ensayan en humanos un nuevo fármaco -una sal extraída de un metal- que podría actuar sobre el control del gasto energético. La farmacéutica Bayer apuesta por el proyecto.

-El tungstato se estaba investigando como una arma contra la diabetes tipo 2, aunque en un momento del estudio se descubrió su posible acción contra la obesidad ¿En qué fase de la investigación se destapó ese potencial?

-El tungstato sódico es un fármaco con una acción similar a la insulina. En un primer momento esta sal se investigó en fase animal con ratas diabéticas -en 2004- para comprobar cómo actuaba reduciendo los niveles de azúcar, pero luego se vio que también tenía efecto en el peso de los animales. Visto esto, se administró durante 32 días a ratas con obesidad inducida mediante una dieta hipercalórica, bautizada como «dieta de cafetería».

Primer estudio con ratas

-¿Qué resultados se obtuvo?

-Los investigadores observaron que el tungstato prevenía el aumento del peso corporal, mejoraba el perfil metabólico asociado con la obesidad y reducía la adiposidad en ratas obesas que seguían la dieta alta en grasas. En definitiva, este primer estudio con ratas permitió descubrir que al tratar a los animales obesos con las sales de tungstato, no se producía un aumento de peso, algo que sucedía con el grupo no tratado con ellas. Para que se entienda mejor, el tunsgstato evita engordarse, aunque se coma exageradamente.

-¿Qué relación epidemiológica existe entre la diabetes y la obesidad?

-No es fácil de explicar, aunque algunas cifras pueden ayudar a comprenderlo. Por ejemplo, se sabe que un 60% de los casos de diabetes tipo 2 -de adultos- se explica por un aumento de peso, es decir, de grasa corporal. La pregunta que podríamos hacer ahora es ¿por qué la obesidad provoca diabetes? Tampoco hay una sola respuesta para ello. Lo que sabemos es que la grasa no solo provoca un aumento de peso, sino que genera una serie de hormonas perjudiciales para la salud. De todo ello se deduce que el ser obeso es un factor desencadenante de la diabetes.

-Después de experimentar con ratas, se realizó una primera fase de ensayo con humanos que también obtuvo resultados positivos -en 2005 en el Hospital del Mar- ¿en qué fase se encuentra ahora la investigación?

-Ahora arranca un ensayo clínico Fase II en humanos. El estudio se realizará en personas sanas de obesidad moderada para testar la efectividad del tratamiento.

-¿Qué dimensión tendrá el ensayo? y ¿cuál es su objetivo?

-El estudio se realizará en más de 44 varones sanos de entre 18 y 65 años que presenten un Índice de Masa Corporal (IMC) de entre 30 y 40 kilogramos por metro cuadrado. Se les administrará por primera vez el tratamiento con el objetivo de ver la efectividad del tungstato como adelgazante tras un período de seis semanas. Así, el objetivo primario del estudio será comprobar si el grupo experimental presenta una disminución significativa de peso en comparación con el grupo de control.

-¿Qué otros factores medirá el ensayo?

-También se controlarán los cambios en la composición corporal , el apetito y el gasto energético.

-¿Qué peculiaridades en su posible acción hacen al tunsgtato diferente del resto de fármacos anti-obesidad?

-Sabemos, por ejemplo, que el tungstato interfiere en los mecanismos hormonales de control de la grasa. En concreto, pensamos que altera el efecto de la leptina, la hormona que indica los depósitos de grasa que tenemos. Es decir, si tenemos mucha leptina, tenemos mucha grasa y el cerebro lo asimila y da la orden. «no quiero comer porque estoy saciado». No obstante. lo que le haría realmente diferente este fármaco es que se demostrara que actúa sobre el consumo energético, que está disminuido en muchos pacientes obesos.

-¿Sería la panacea?

-No, la solución pasaría igualmente por una combinación con fármacos y la práctica de hábitos saludables.

-¿Cuando estaría en el mercado?

-Si todo sale bien en esta fase, el estudio se ampliará. Probablemente, tardará unos siete u ocho años en salir al mercado.