De la nave de «Pandorum» a la celda de Daniel Monzón
EFE El director alemán Christian Alvart presentó «Pandorum»

De la nave de «Pandorum» a la celda de Daniel Monzón

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JOSÉ EDUARDO ARENAS

SITGES. «Hierro», de Gabe Muñoz es una de las películas españolas de género que bien puede representarnos allá donde se presente. Aunque tenga sobre sí las inevitables semejanzas con alguna cinta internacional de alto coste, su producción es espléndida. Transcurre en la isla de Hierro, en el segundo hotel más pequeño del mundo, y tiene en su principal protagonista femenina, Elena Anaya, el valor más encomiable al dar vida a una madre coraje que pierde a su hijo e intenta buscarlo a toda costa sin lograrlo. La atmósfera del paisaje actúa como otro personaje más.

La aproximación al personaje es muy realista, como extraído de un documental sobre madres que no ha podido superar el duelo por la pérdida de un hijo y la situación que se puede llegar. Fotografía y sonido es fundamental para los momentos de tensión, algo intrínseco en el género de intriga, como los símbolos: pájaros, agua; el que haya un personaje único. Elementos clásicos para transmitírselo al espectador de manera simple y cercana. Un detalle a retener es que contiene un tercio de los diálogos que suele tener cualquier filme.

«Pandorun», del alemán afincado en Hollyood Christian Alvart, contiene todos los ingredientes deseados para hablar del espacio y lo que estamos haciendo con nuestro planeta. Bastante oscura (estéticamente) la película se ve con interés al alejarse de los clásicos bichos de «Alien». Hay una nave y existen unos monstruos, aunque tenga la misma meta: sorprender. Una nave rota y decorada como si se tratara de órganos humanos: los cables son las venas, la estructura como las costillas... Las criaturas están como en un microcosmos. Nos son monstruos, sino nuestra propia imagen una vez acabada la vida en la Tierra.

«Celda 211» se convirtió ayer en la película de la jornada. Una historia carcelaria con la que el director Daniel Monzón tiene la ocasión de subir al puesto para el que está preparado, pero que aún no había terminado de llegar. Hoy hablaremos más de su paso por Sitges y de la gran interpretación de Luis Tosar.