El museo de Argentona dedica un espacio a los botijos de Picasso

TEXTO: J. P. Y. FOTO: ABCBARCELONA. Cantirs, botijos o baldracas; esos humildes recipientes de barro cocido hace tiempo que dejaron de ser objetos de uso común para convertirse en piezas de museo

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TEXTO: J. P. Y. FOTO: ABC

BARCELONA. Cantirs, botijos o baldracas; esos humildes recipientes de barro cocido hace tiempo que dejaron de ser objetos de uso común para convertirse en piezas de museo; perdieron, también sus perfiles sencillos, se barroquizaron y, sobre todo, se colorinearon. En Argentona, Verdú y Sainte Quintin de la Poterie (en la dulce Francia meridional) hay inclusive museos dedicados a estos humildes recipientes que por motivo de prestigio de marca y carácter artístico suelen apellidarse como «españoles».

Uno de los alfareros más famosos y que más ha hecho por la posteridad de este humilde trebejo de cocina se llamaba Pablo Ruiz Picasso, tras lo cual y con formas diversas se encuentra en todos los museos del Mundo.

Mediterráneo y catalán

Es uno de los muchos lazos invisibles que unen a los hombres y las tierras de España, como decían los libros de Fen, ya que en todas las latitudes de la Piel de Toro se encuentra con diversas formas, sabores y grados de cocción. Por el Norte, para que pierda el sabor a su tierra constitucional -lo de barro cocido suena peor- se recomienda que se rellene al botijo con una mezcla de agua y anís tras lo que adquiere un sabor adecuado, el agua que en él se vierte. También se han vertido otros líquidos, potables o no.

La catalanísima da entrada al termino cantir en la página 187 de su tomo 6 y por ella nos enteramos que son también famosos los de Esparraguera, Vilafranca -de cerámica polícroma y en forma de gallo- y Manises. Que se pueden hacer de barro, lata, vidrio y otros materiales. También la sinecdoque de la parte por el todo «S´ha begut un cantir d´aigua». Una famosa copla popular comenzaba «La fadrina va a la font a buscar un cantiret d´aigua...». Los castellanohablantes criados en Barcelona descubrieron la r final despues de décadas de utilizar el término. Al cerrar la GEC, nos asalta el presagio de que, con la epidemia de electronitis actual, las futuras generaciones ignorarán este entrañable instrumento de trabajo y echarán mano o índice de algún programa electrónico de esos que informan de todo menos de lo importante.

Uno de los máximos impulsores de la cultura del botijo o del canti es el museo de Argentona, que cada año organiza un feria monográfica de este imprescindible intrumento del utillaje doméstico -ya van por la 56-. Aprovecha este año para inaugurar un espacio dedicado al famoso alfarero Pablo Ruiz Picasso, en el que se pueden contemplar cuatro cántaros que sirven para contextualizar diferentes épocas creativas del más original de todos los directores del Museo del Prado; pudo apadrinar el acto el picassiano número 1: Palau Fabre. En la feria participan hasta noventa artistas de diversos países europeos y se celebran talleres, debates y una muestra de cine sobre cerámica. El botijo pudo ser de origen árabe, pero se instaló aquí. Se nos olvidaba la Bisbal, habrá que volver al...