PARECE MENTIRA

Monumento a Pujol

La escultura a Pujol merece una visita a este bonito pueblo del Maresme. Es grande, de hecho inmensa, inclinada como la torre de Pisa.

JOAN LÓPEZ
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Jordi Pujol, líder nacionalista y ex presidente de la Generalitat de Catalunya, ya tiene una estatua en Premià de Dalt, municipio del que parece ser oriunda parte de su familia. Los políticos tienen tendencia a tener muchos terruños. Aznar es madrileño, como Zapatero, y resulta que todos creíamos que era de Quintanilla o de Valladolid. De ZP circula la leyenda, por él no desmentida, de que es de León. Pujol, barcelonés, siempre cultivó la idea de que tenía raíces en Premià o en Planoles. Al parecer si eres capitalino no eres nadie en política.

La escultura a Pujol merece una visita a este bonito pueblo del Maresme. Es grande, de hecho inmensa, inclinada como la torre de Pisa y la base es algo parecido a una silla deforme de gran tamaño. Parece sacada de «Alicia en el País de las Maravillas»; quizás sea una alegoría a ese país ficticio que los nacionalistas construyen y construyen pero nunca culminan. Encima de la silla deforme hay una escultura de Pujol. Es de cuerpo entero y con traje y corbata, no sea que lo confundan con Saura, Bargalló o el Ministro Sebastián, militantes del anticorbatismo. La escultura que hay encima de la silla recuerda a los niños que recitan el verso en la comida de Navidad y su visión traslada a uno, de forma inquietante —por qué no reconocerlo— al cementerio moscovita de Novodevichi, ese en el que enterraron a los héroes soviéticos y coronaron el panteón con esculturas hiperrealistas de astronautas, campesinos felices, líderes con mirada profunda y trabajadores en mono que parecerían vestidos por Toni Miro de no ser porque se bebieron todo el vodka del alambique para olvidar su dura, triste y socialista realidad. Como puede adivinar el amable lector, la escultura no me gusta y creo que hace un flaco favor al propio Pujol y al parque, también llamado Jordi Pujol, en el que la han plantado.

El nomenclátor catalán es un indicador de por donde van las cosas aquí. Companys, Macià o incluso Joan Peiró o Federica Montseny están esparcidos por infinidad de calles y centros cívicos. Incluso sujetos como Xirinachs merecen constar en el callejero. Tengo para mí que en vida a ninguno de ellos sus coetáneos les hubieran puesto una calle. En cambio Cambó, Carrasco i Formiguera o Cañellas, junto con Pla o Dalí, merecen el ostracismo de los que se dedican al monopoly en Catalunya.