Ministerios y Academias

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SI el presidente Zapatero se hubiera dejado llevar por esa intuición que le ha convertido en el patrón de quinielistas y apostadores, habría conseguido con un sólo -pero genial- golpe colocar su corazón en sintonía con el de muchos catalanes. Y el caso es que casi, casi acierta.

Tenía que desembarazarse del ministro de Cultura, César Antonio Molina, cosa muy comprensible pues ya iba a caballo por los predios de su cargo y se mostraba demasiado altanero, o al menos muy poco esponjoso, con el mundo del cine; y tenía que colocar a alguien en su lugar que reparara esa ceja abierta en una pelea sin sentido.

¿Y quién mejor -pensaría la intuición de Zapatero- que la propia presidenta de la Academia del Cine Español, Ángeles González Sinde? Y aquí es donde yo digo que José Luis Rodríguez Zapatero debería, en vez de poner a pensar a su intuición, haberse dejado llevar por ella. Naturalmente que había alguien más apropiado que la presidenta de la Academia del Cine Español: el presidente de la Academia del Cine Catalán, Joel Joan.

No es que considere que Ángeles González Sinde tiene pocos méritos para el cargo; todo lo contrario, pues es una guionista reconocida (se acaba de estrenar, sin ir más lejos, una película con guión suyo, «Mentiras y gordas») y directora también de dos o tres películas.

Pero, tal y como yo lo veo, lo de Joel Joan hubiera sido un golpe de efecto, un ponerse de puntillas hasta alcanzar la cumbre del zapaterismo: Joel Joan, presidente de la Academia del Cine Catalán y ministro de Cultura español. Hasta hubiera podido ir cualquier domingo al estadio Santiago Bernabéu a decirle sus verdades a las masas futboleras.

Ya recuerdo que en alguna ocasión ha dicho Joel Joan que no se considera especialmente español, pero, aunque no lo sé con certeza, intuyo que no ha de ser lo mismo considerarse español que considerarse ministro español. Además, no hay que olvidar todo lo que podría hacer este hombre desde su cargo de ministro por el cine catalán. De entrada, dejaría de representarlo en los varios frentes que lo hace (Academia, asociación de directores...), pues es probable que incurriera en alguna incompatibilidad con su ministerio, y luego ya, desde su no presencia, entrar de lleno en el asunto de ayudas y subvenciones, de las que tan necesitadas está no sólo el cine catalán sino prácticamente todo aquel que respire de vez en cuando.

Josep Guardiola, al que cualquier día tampoco le harán ministro (Zapatero había prometido un ministerio de Deportes), lo ha dicho de la mejor manera posible: «Hay que mantener a Luca Toni (el delantero centro del Bayer) alejado del área como sea». Y en ese «como sea» entra, claro, un ministerio o una subsecretaría. Todavía hay tiempo para el partido de vuelta.

E. Rodríguez

Marchante

BARCELONA AL DÍA