Joan Corbera - Tribuna abierta

La mezquita de Barcelona

Como los meandros de un río, la cuestión de la gran mezquita de Barcelona aparece y desaparece de la agenda municipal

Joan Corbera
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Como los meandros de un río, la cuestión de la gran mezquita de Barcelona aparece y desaparece de la agenda municipal. En ocasiones, ha sido suficiente nombrar el tema para despertar los demonios de la ciudad, a favor y -sobre todo- en contra. Quizás ha llegado la hora de que un equipo municipal coja el toro por los cuernos y resuelva una anomalía que permanece irresuelta desde hace casi treinta años».

Esta afirmación reza en el informe que tres antropólogos de la UB entregaron al Ayuntamiento de Barcelona hace un año. El estudio fue encargado por el equipo municipal de Ada Colau y sirvió de base para un plan contra la islamofobia impulsado en enero. Son 36 páginas que pueden consultarse en la web municipal. Muchas medidas se han puesto en marcha, pero la construcción de la mezquita ha caído en saco roto, como ya ocurrió con el anterior gobierno de CiU y antes con el PSC. El debate es cíclico y siempre se ha apuntado como ubicación la antigua plaza de Toros de la Monumental. También las afueras de la ciudad, una solución similar a la gran mezquita de Madrid en la M-30.

La mayor mezquita barcelonesa ahora es Camino de la Paz, en el Raval. Dispone de una sala de doscientos metros cuadrados, lo que provoca que se deban hacer varios turnos de rezo para los seiscientos musulmanes que frecuentan el centro los viernes. Además, hay una veintena de pequeñas salas de culto, en condiciones precarias, que a menudo condenan a los fieles a ejercer su culto en la clandestinidad.

El oratorio es el epicentro de las comunidades musulmanas. En Cataluña, hay 265 oratorios islámicos y tres mezquitas (Cornellà, Salt y Torroella de Montgrí). Estos días, los líderes de la comunidad han advertido sobre la precariedad de los centros. Muchos están situados en bajeras y garajes. En ocasiones son focos de conflicto con los vecinos e incumplen con la normativa municipal.

La Direcció General d’Afers Religiosos de la Generalitat asegura que todos los centros llevan a cabo su actividad dentro de la ley. No ha habido ningún cierre reciente y no se han constatado actos de radicalización. Del total de oratorios, 120 son islamistas y 80, casi un tercio, son salafistas, una corriente fundamentalista del Islam que reivindica la vuelta a la forma de vida de Mahoma. Sobre ellos existe un foco de control adicional porque, llevado al extremo, pueden albergar a radicales.

¿Y qué se hace en una mezquita? Al margen de rezar -los musulmanes lo hacen cinco veces al día y van a la mezquita los viernes-, se organizan numerosas actividades. Les invito a que miren algunas de ellas en las decenas de páginas de Facebook que tienen estas comunidades en Cataluña. Les avanzo algunas: aprender a hablar en público, cómo educar a los hijos, cómo vestirse… Todas las webs están escritas en español y no hay atisbo de violencia. Mi opinión es que hay que apostar por este camino. El primer paso sería contar con centros de culto decentes y luego plantearse una gran mezquita.

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