Mercedes Salisachs, en una imagen de 1962
Mercedes Salisachs, en una imagen de 1962 - ABC

Mercedes Salisachs y Luis Romero: grandes escritores, grandes olvidos

En el centenario de su nacimiento, Planeta recupera «La gangrena» de Salisachs y Comanegra hace lo propio con «La noria» de Romero

BARCELONAActualizado:

Hay muchos motivos para conmemorar el centenario de Mercedes Salisachs (Barcelona, 1916-2014). Desde su debut literario en 1955 con «Primera mañana, última mañana» -publicada con el pseudónimo de María Ecín- hasta su última entrega «El caudal de las noches vacías» -dictada a su nieta Alejandra cuando las extremidades ya no le respondían a causa de la ELA- sus casi cuarenta títulos ilustran la trayectoria de una autora que escribió exactamente lo que quería escribir.

Cuando Salisachs cumplió 97 años, comentaba que el mejor regalo que podía recibir era ver «La gangrena» y su continuación, «Almas mutantes», convertidas en una serie televisiva. El silencio en su centenario, tan solo mitigado por la publicación de ambos títulos por Planeta, corrobora la incomodidad de una escritora que desde el primer momento fue incomprendida por la alta burguesía catalana a la que pertenecía.

Una mujer culta con cinco idiomas, capaz de retratar con crudeza la España de la posguerra no podía agradar a la censura, a la izquierda marxista del realismo social, ni a los editores del realismo mágico, ni a los experimentalistas, ni a los nacionalistas -una catalana escribiendo en castellano-, ni a quienes chocaba su profunda religiosidad... Así lo constata la profesora Cristina Pena Mardaras en el estudio que acompaña a la edición conmemorativa, Salisachs ha sido objeto de poca atención por parte de la crítica española: «Considerada por algunos como ‘una señora que escribe’, relegada tal vez a causa de su estatus social o por su falta de encaje en los círculos literarios relevantes, por su independencia de las corrientes del momento, o por sus ideas políticas o religiosas, hay una brecha importante y llamativa entre el reconocimiento del público y los galardones literarios recibidos, y la atención prestada por los estudiosos». Después de quedar finalista en dos ocasiones del Planeta -«Carretera intermedia» (1955), «Adagio confidencial» (1973)- Salisachs se alzó en 1975 con el premio. Sesenta ediciones, un millón de ejemplares vendidos. Llegarían más galardones: el Ateneo de Sevilla por «El volumen de la ausencia» (1983), el Fernando Lara con «El último laberinto» (2004), el de novela histórica Alfonso X el Sabio por «Goodbye España» (2009).

Convertida en la escritora más longeva de la literatura española, Salisachs seguía siendo única e insobornable y, por lo tanto, inclasificable: sentirse española en la Cataluña soberanista, políticamente incorrecta por sus opiniones religiosas, la autora de «Derribos» siguió diseccionando la mala conciencia humana. De ahí el título de su novela más famosa: «La gangrena», esa culpa que nos corroe por dentro. Los grandes escritores han de ser incómodos porque interpelan a sus lectores. Y esa es la grandeza de Mercedes Salisachs.

Luis Romero, fotografiado poco antes de fallecer
Luis Romero, fotografiado poco antes de fallecer - ELENA CARRERAS

«La noria» de Romero

El fatídico verano del 36, Luis Romero (1916-2009) estudiaba peritaje mercantil y trabajaba para mantener a su familia. Estalló la guerra, estuvo preso en el castillo de Montjuïc y al acabar la contienda se alistó en la División Azul. Pese a todo lo que pasó, nunca sintió odio hacia nadie. Fue amigo de Dalí y Tarradellas. La asfixiante posguerra le llevó a sobrevivir en París y en 1950 viajó a Buenos Aires, donde comenzó a escribir «La noria» una de las novelas barcelonesas más memorables del siglo XX, ahora rescatada por Comanegra en un díptico que completa el volumen colectivo «Roda Barcelona» y la publicación de «Los otros» por Calambur. Como subraya Marina Espasa en el prólogo a «La noria», la ciudad de Romero «es el mundo de la soledad, de unas soledades yuxtapuestas, de las soledades de seres incapaces de comunicarse entre sí... Una soledad que se halla, paradójicamente, en los lugares donde hay más gente: en las calles, en los tranvías y en el metro». Releemos: «El cine Publi es el refugio de los que necesitan asesinar aproximadamente una hora...». Mujeres en el Salón Rosa. Puros años cincuenta. Tiempos de contactos furtivos.

Autor de tres libros de referencia sobre Dalí -«Aquel Dalí”, «Todo Dalí en un rostro» y «Dedálico Dalí»-, Romero dio a la imprenta uno de los mejores títulos sobre la guerra civil: «Tres días de julio» (1966), elogiado por Hans Magnus Enzensberger, que lo incorporó a la bibliografía de «El corto verano de la anarquía». En aquel libro, nos dijo otro verano de 2005, palpitaban sus experiencias bélicas. Para Romero, el mayor mérito de un escritor es poder responder, muchos años después de lo que escribió.

¡Y que bien se conserva lo que escribió Luis Romero! En cada descripción de «La noria» (premio Nadal, 1952) la etopeya de la Barcelona de la huelga de tranvías y el Congreso Eucarístico. Otro autor difícil de encajar en las corrientes imperantes -e intrigantes- de su época. Una obra reconocida con los premios Nadal, Planeta («El cacique», 1963) y Ramon Llull («Castell de cartes», 1991), pero relegada al olvido por adscribirse a una generación de autores que se ligaban ipso facto con el franquismo sin tomarse la molestia de leerlos... Mercedes Salisachs, Luis Romero, Ignacio Agustí, Mercedes Formica, Carmen Kurtz, José María Gironella, Tomás Salvador... Urge hacer justicia.