Elecciones Municipales

La inseguridad de Barcelona, el mayor escollo para que Colau revalide mandato

La oposición trata de usar el aumento de la delincuencia para apear a los comunes

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Consciente de que el aumento de la inseguridad ciudadana ha sido uno de los mayores problemas de Barcelona durante su mandato, Ada Colau se ha lanzado en campaña electoral a intenar sacudirse la responsabilidad en esta materia. Hace unos días criticó, por ejemplo, a la Consejería de Interior de dejación de funciones en cuanto a la seguridad de la capital catalana se refiere. Y sugirió que las motivaciones electoralistas podrían estar detrás del «abandono» con el que, según la alcaldesa, el consejero Miquel Buch castiga a Barcelona. La Consejería de Interior, por boca del director de los Mossos, Andreu Joan Martínez, salió al paso de las críticas y desmintió «radicalmente» a Colau. Negó que intenciones políticas guíen a su departamento y aseguró que la coordinación entre los Mossos y la Guardia Urbana es «mejor que nunca».

Sea como sea, el aumento de la delincuencia en Barcelona es una realidad, y así lo confirma el balance anual del Ministerio del Interior. En 2018 las infracciones penales aumentaron un 17,2 % (194.212) en la capital catalana, que lidera el aumento de la delincuencia en las ciudades españolas. Los robos violentos aumentaron un 19,4 %, produciéndose una media de 33 al día. En los que se emplea la fuerza pero no contra las personas el incremento es del 20,1 %. es decir, 25 casos al día. También aumentaron los hurtos: un 16,8 % respecto al año anterior. Son 299 al día, 12 cada hora.

Eso sí, las cifras de los delitos más graves, como homicidios dolosos o asesinatos, se mantienen muy bajos -diez en la ciudad de Barcelona en 2018-, aunque se dispararon los delitos contra la libertad sexual. Un total de 764 casos a lo largo del año. Un 18,4 % más.

La seguridad, arma electoral

La oposición trata de utilizar estas cifras como munición electoral para apear a Colau de la Alcaldía. Y es que la criminalidad, junto a los problemas para el acceso a la vivienda -y al margen del conflicto separatista, que lo impregna todo- es el eje sobre el que pivota esta campaña hacia el 26-M.

El exprimer ministro francés Manuel Valls, candidato a la Alcaldía con el apoyo de Ciudadanos, es quien más utiliza este recurso. Abrió su campaña pidiendo el voto para convertir a Barcelona en una ciudad «ilusionada y segura» e impedir otro mandato de Colau «que siga el camino de deterioro y de degradación de la seguridad». También el alcaldable del PP, Josep Bou, focaliza sus críticas en la seguridad, aunque sus posibilidades de ser decisivo para configurar el próximo gobierno son pocas. Y el socialista Jaume Collboni, exsocio de los comunes, les acusa ahora de «centrifugar» su responsabilidad en esta materia.

También desde las filas independentistas echan en cara a Colau su gestión de la seguridad. Elsa Artadi, «número dos» del encarcelado Joaquim Forn, y representante para las municipales del espacio posconvergente, reprende a Colau porque la seguridad se ha convertido en el principal problema para los vecinos de Barcelona. Y Esquerra, con quien los comunes, según las encuestas, se jugarían la Alcaldía, tampoco se resiste a esta baza.

Pero más allá del aprovechamiento político, el problema de la criminalidad es una realidad, especialmente en el distrito de Ciutat Vella y en las zonas más turísticas, lo que coincide con una preocupante falta de efectivos. Cuando pase el 26-M, y haya de configurase un gobierno, sin duda el dossier sobre seguridad ciudadana será uno de los primeros que deberá abrir el próximo alcalde de Barcelona.

La oposición trata de usar el aumento de la delincuencia para apear a los comunes