«La inmigración ha hecho que la escuela catalana sea más permisiva»
ELENA CARRERAS Joaquim Prats defiende la coeducación porque la ve «más natural»

«La inmigración ha hecho que la escuela catalana sea más permisiva»

ESTHER ARMORA | BARCELONA
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Joaquim Prats -Ximo para los amigos- se ha convertido en el médico de cabecera de la escuela pública catalana. Doctor en Historia Moderna y catedrático de la Universitat de Barcelona (UB); está especializado en Didáctica de la Historia, en el estudio de los sistemas educativos, y en la historia de las universidades. Su diagnóstico sobre el sistema educativo mejora sustancialmente el del Informe PISA, aunque reconoce que la escuela catalana «necesita progresar». La nueva ley educativa diseñada por el Ejecutivo de Montilla, será, a juicio de Prats, «un buen instrumento» para optimizar el potencial del actual sistema, aunque advierte de que para lograr su efecto deberá aplicarse con rigor.

-¿Ayudará la LEC a mejorar el sistema educativo y darle la flexibilidad que necesita?

-La nueva ley está bien enfocada. Ahora sólo falta que los decretos que la desarrollan hagan que no se desvirtúe en su aplicación. Tal y como está planteada, la LEC dará más flexibilidad a los centros en la medida en que les concede más margen de maniobra e independencia. Es una ley buena porque refuerza puntos débiles que existían como la falta de autonomía del sistema y también porque aumenta los controles a la red pública.

-¿Necesita el sistema educativo más mano dura?

-Yo no diría tanto. Sí es verdad que en los últimos años el sistema se ha hecho más laxo. Es necesario exigir a los alumnos más capacidad de esfuerzo.

Más exigencia de disciplina

-Es decir, ¿más mano dura?

-Bueno, yo diría que hay otros caminos. Hacerlo desde una base impositiva no es solución. Se debe crear un buen ámbito de trabajo y combinarlo con más exigencia de disciplina en algunos centros. No se puede generalizar, pero este alud de alumnos que ha llegado al sistema educativo en los últimos 15 años ha hecho que aumente la permisividad. Hay que reconocer que no ha sido un proceso fácil.

-Se han oído muchas voces críticas respecto a la prueba de primaria, que si es poco adecuada en un contexto de crisis, su escasa validez dado que no es vinculante... ¿Imagino que tiene argumentos para rebatir estas críticas?

-Desde mi punto de vista esta prueba no sólo es necesaria, sino que es imprescindible. Tenemos el sistema bastante evaluado, aunque todas las pruebas son de carácter muestral. Una evaluación censal como se hace en el País Vasco, Navarra no teníamos ninguna, es la primera.

Gran esfuerzo del Govern

-¿No cree que en el debate de la LEC se ha hablado mucho de política y poco de educación?

-Eso pasa en todas las leyes educativas. Tenemos una tradición demasiado larga de politizar la educación. Como todas las leyes, ésta ha salido mucho a la palestra, pero, a diferencia de otras (Logse), ha habido un esfuerzo por parte del Govern para hacer una normativa que dure.

-CiU condicionó su apoyo a que se dé el concierto a los centros que separan por sexos, exigencia que expulsó a ICV del acuerdo final. ¿Le parece tan mal la separación por sexos?

-En nuestro país, a diferencia de EE. UU., este problema no puede plantearse desde un punto de vista técnico. Técnicamente no me atrevería a cuestionar este aspecto, sino todas las connotaciones que arrastra. Eso explica que a determinadas opciones políticas les cause cierta incomodidad. La separación por sexos es sólo un aspecto pero no es lo más importante de la ley. Es casi más una cuestión ideológica y es una lástima que este aspecto impida alcanzar un consenso más amplio. Los que defienden la separación aluden a aspectos meramente instructivos (aprenden más rápidamente) y los que abogan por los centros mixtos destacan mejoras en la socialización. Yo tendría una opinión más cultural. Defendería una coeducación porque la veo más natural y se parece más a lo que es la sociedad de hoy en día. Hombres y mujeres vivimos juntos no sé por qué debemos separar a los niños en la escuela. No obstante, yo me eduque en un colegio que separa por sexos y tampoco salí tan mal.