Joan Carles Valero - Letras expectativas

La hora laietana

Diseñada por ilustres arquitectos como Puig i Cadafalch, Lluís Domènech i Montaner y Ferran Romeu, la Via Laietana fue en su día una calle de negocios

Joan Carles Valero
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A Via Laietana suelo acudir en modo profesional. Una conferencia en la sede de la patronal Fomento del Trabajo, un acto en el edificio de CatalunyaBank o un encuentro con los sindicalistas de CCOO. Pocas veces visito esa arteria con la intención de disfrutar, hasta que hace unos días almorcé en el City Restaurant del Grand Hotel Central Barcelona, en el número 30. El chef Alberto Vicente, que procede del Majestic, Caelis y Petit Comité, ha tomado el relevo a Ramón Freixa, ahora en Madrid, y propone una carta cinco estrellas que también se puede degustar desde un menú ejecutivo a mediodía por 22,50 euros. El ágape fue extraordinario, pero se estropeó al salir y toparme de nuevo con la inhumana Vía Laietana.

Un siglo después de que Barcelona se vanagloriara de sanear su insalubre casco antiguo mediante la construcción de una moderna vía inaugurada en 1913 al uso de las cosmopolitas calles neoyorquinas o parisinas, esta arteria que une el centro con el puerto se ha convertido en intransitable peatonalmente hablando, además de fea, sucia e invadida de huestes turísticas camino del centro histórico monumental.

Planeada por Cerdà, la ejecución de la Vía Laietana, nombre que recibió en referencia a los íberos que ocupaban la ciudad ya antes de la presencia romana; supuso el derribo de 300 edificios y que las 2.000 familias que los ocupaban se buscaran la vida por su cuenta y riesgo sin ninguna ayuda pública. Diseñada por ilustres arquitectos como Puig i Cadafalch, Lluís Domènech i Montaner y Ferran Romeu, la Via Laietana fue en su día una calle de negocios.

Pau Guardans, dueño del Grand Hotel Central Barcelona, reclama junto a 115 entidades, comercios y profesionales que el Ayuntamiento barcelonés reestructure ya la Vía Laietana. No piden una reforma en profundidad, sino solo ensanchar y adecentar las aceras, ahora repletas de traicioneros socavones, al tiempo que se colocan árboles. En suma, humanizar esta calle para que vuelva a florecer la actividad comercial y vecinal y que, en definitiva, recupere el esplendor de antaño.

El equipo del anterior alcalde, Xavier Trias, dejó todo preparado para emprender la reforma, tras impedir que los autocares turísticos estacionaran en esa vía y después de rehabilitar la plaza Ramon Berenguer, entre otras actuaciones. No es cuestión de presupuesto, ya que con menos de 8 millones de euros bastaría. Solo de voluntad.

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