EFE  Santiago Royuela entra en la sala del tribunal detrás de otro acusado

Un hijo del subastero Royuela y otros tres jóvenes, juzgados por terrorismo

Santiago Royuela y tres amigos declararon ayer que colocaron una olla explosiva en las Cocheras de Sants en marzo de 2001 para «dar un susto» a los proetarras

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DOLORS MASSOT

BARCELONA. La madrugada del 3 de marzo de 2001, un joven fue localizado por un coche patrulla en la avenida Diagonal con importantes quemaduras en las manos y en la cara. Trasladado a la Unidad de Quemados de Vall d´Hebron, otro joven aparecía allí a los pocos minutos procedente de un centro sanitario de Badalona que lo derivaba a la misma unidad a causa de las quemaduras que sufría también en las manos. No transcurrió mucho tiempo cuando la Policía recibía noticias de que en las Cocheras de Sants acababa de estallar un artefacto explosivo.

Con la deflagración, los dos jóvenes que lo habían colocado resultaron ser las víctimas. Eran Antonio T. y Ramón C. De ambos constaba a la Policía su relación con grupos de extrema derecha y con los «skin heads». El motivo por el que habían fabricado este artefacto de forma casera, con carbón vegetal, azufre, clorato potásico y ácido sulfúrico era el concierto de Fermín Muguruza que se iba a celebrar al día siguiente en las Cocheras de Sants, en solidaridad con los presos del País Vasco y contra la Ley Antiterrorista.

Una organización patriótica

Eran conocedores de este asunto los amigos de los dos accidentados Santiago Royuela (hijo del conocido subastero de Barcelona Alberto Royuela) y Óscar S., con quienes coincidían en los locales de la organización Timbalers del Bruc, de carácter patriótico español. Se reunieron por última vez la madrugada de los hechos en un bar de la avenida General Mitre a la altura de Via Augusta. Allí Santiago y Óscar entregaron el artefacto a sus dos colaboradores.

Los cuatro declararon ayer ante el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia de Barcelona, acusados de un delito de terrorismo por el que se solicita una pena de cárcel de siete años para cada uno. Dos de los abogados de la defensa piden la absolución de sus clientes mientras que otros dos (los de Santiago Royuela y Ramón C.) solicitan que se les condene sencillamente por una falta contra el orden público. Pese a que se trata de un presunto delito de terrorismo, el tribunal juzga el caso en vez de hacerlo la Audiencia Nacional porque, según explicó uno de los letrados, se ha tenido en cuenta que los detenidos no forman parte de una banda armada.

En su declaración, los cuatro imputados declararon ser autores de los hechos de que se les acusa, aunque no reconocen que exista la gravedad de encontrarse ante un acto terrorista. Todos ellos manifestaron que con la olla a presión y los explosivos pretendían «dar un susto» a los que al día siguiente se manifestarían en las Cocheras de Sants en un concierto de música que contaba con el permiso legal. Según ellos, no había intención de matar a nadie. Ramón C. manifestó que «querían colocar un petardo» que tuviera «bombo mediático» para dejar constancia pública de que había gente en contra de los proetarras, a los que ellos consideraban «terroristas». «Queríamos hacer algo llamativo», dijo el acusado, quien negó tener ideología neofascista.

Uno de los dos policías que instruyó el caso y que declaró en el juicio oral aseguró que se encontraba ante uno de los casos más sencillos que ha tenido que resolver «por la colaboración que habían tenido los cuatro jóvenes».