ABC  «No somos los últimos», de Zoran Music  ABC  «Yo lo vi» y «No se puede mirar», de Goya
ABC «No somos los últimos», de Zoran Music ABC «Yo lo vi» y «No se puede mirar», de Goya

La guerra de Francisco de Goya

MARTÍN ZARAGÜETABARCELONA. Un reportaje de guerra es, narrado o fotografiado, una mera muestra de la realidad que nos rodea, desafortunadamente tan cruda y directa que cualquier aporte adicional es

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MARTÍN ZARAGÜETA

BARCELONA. Un reportaje de guerra es, narrado o fotografiado, una mera muestra de la realidad que nos rodea, desafortunadamente tan cruda y directa que cualquier aporte adicional es simplemente innecesario. Es por ello que esa realidad llega a nuestros sentidos de forma -usualmente- limpia y sin más enfoque que el que el propio receptor le da. Sin embargo, aquellas escenas que nuestros ojos no llegaron a presenciar, por alejadas o escondidas, sólo pudieron ser transmitidas a la sociedad a través de una sola mirada, en ocasiones como víctima y en otras como mero espectador. Aquellas representaciones pictóricas de genocidios, torturas o ejecuciones, poseían no solo el reflejo de impunes atrocidades, sino el sentimiento y la implicación de quien estuvo allí para presenciarlas y denunciarlas, con la consecuente maduración que aquellos hechos sufrieron en el interior del cronista, claramente reflejados en sus obras.

El Goya cronista

Cumpliéndose doscientos años de la Guerra de Independencia Española de 1808, un exhaustivo trabajo de uno de los pintores y grabadores más emblemáticos de la historia requiere de su revisión, muestra y contemplación. Se trata del reportaje de guerra que Francisco de Goya realizó entre 1810 y 1814 y al que bautizó como «Los desastres de la guerra», una serie de 80 grabados que reflejan el convulso periodo que vivió el país durante aquellos seis años. Aunque no fue testigo de todas las imágenes que en su trabajo describe de forma tan explícita, Goya sí sintió la necesidad de plasmar aquellas terribles escenas, el exceso que tan impunemente fue ejercido sobre gran parte de la sociedad española. Hasta entonces, nadie había empleado esa crudeza para reflejar la brutalidad de la guerra, y Goya se convirtió así en el primer cronista y reportero de las barbaries que hoy en día siguen extendiéndose sin razón.

La primera edición de aquella serie es ahora recuperada por dos centros de Barcelona que, en conmemoración del bicentenario de los hechos, permiten redescubrir una de las obras más emblemáticas del pintor aragonés. La Fundación Fran Daurel -situada en el Poble Espanyol- y el Círculo del Arte -en la calle Princesa- exhiben simultáneamente estos ochenta grabados, una obra que trasciende los acontecimientos de la época y su propia experiencia vital para denunciar las atrocidades que el ser humano es capaz de cometer. Sin duda, una aportación no sólo artística -por ser el mejor grabador de la historia del arte española-, sino también histórica, pues a través de sus obras se nos permite ser partícipes de las violentas escenas que protagonizó el ejército francés contra el pueblo español. La apabullante validez, vigencia y modernidad de aquel trabajo se refleja en la visión desencantada sobre el hombre, en plasmar los límites que el ser humano es capaz de cruzar y las barbaridades que por ello comete.

Obra póstuma

«Los desastres de la guerra», sin embargo, no pudo ser vista por el propio Goya, puesto que la serie no fue editada hasta 1863, una vez ya fallecido el pintor. No obstante, aquel trabajo nunca sería caduco, pues hoy en día, las barbaridades que reflejan sus grabados son perfectamente reconocibles y extrapolables a algunas situaciones actuales. Buena prueba de ello es el trabajo del esloveno Zoran Music, un claro reflejo del referente goyesco -admitido por el propio pintor- y también expuesto en el Círculo del Arte bajo el título «No se puede mirar». Según el director del centro, Hans Meinke, una muestra -que también incluye el duro reportaje de Alain Resnais «Noche y niebla»- que cala por su veracidad, por su implicación y por la capacidad de los artistas de «llegar a lo más interno» del que tiene la suerte de contemplarlos.

El Music atormentado

Music, apasionado de la obra de Goya, vivió en su propia piel la tragedia del holocausto, reflejando en sus pinturas la terrible experiencia que presenció durante su estancia en el campo de concentración de Dachau (entre 1944 y 1945). Esas referencias, claramente evidentes en la selección realizada por el Círculo del Arte, no fueron exhibidas por Music hasta los años setenta, debido al duro e insoportable recuerdo al que debía enfrentarse. El dolor, la rabia, la estupefacción y la incredulidad que aquellos hechos provocaron en ambos artistas quedan evidenciados en la dureza y el estilo directo, explícito y oscuro que uno se lleva al contemplar esta exposición, cuyo título lo dice todo: «No se puede mirar».