el mentidero

«Granaíno para extranheros»

Mis «compaes» andaluces se burlan hasta de su sombra, mientras que al líder nacionalista le falta una «chispitilla» de gracia, no para reírse de las señas de identidad ajenas, como es precisamente el acento sevillano o gallego, sino para empatizar con ellas

maría jesús cañizares
Actualizado:

«¿CANSADO de no entender a sus amigos granaínos? ¿Fascinado por tan maravillosa lengua? ¡No se preocupe, porque con el nuevo curso del profesor Canuterio usted también puede hablar y aprender granaíno!» Con esta pequeña introducción comienza «Granaíno para extranheros», un diccionario que circula por Internet en el que nativos de esta provincia abordan con humor ese vocabulario que impide al presidente catalán, Artur Mas, entender el castellano que hablan los niños de esa comunidad. Mis «compaes» andaluces se burlan hasta de su sombra, mientras que al líder nacionalista le falta una «chispitilla» de gracia, no para reírse de las señas de identidad ajenas, como es precisamente el acento sevillano o gallego, sino para empatizar con ellas.

La reflexión objeto de polémica, dicha en boca de otros dirigentes soberanistas, no habría sorprendido tanto, pues a Mas siempre se le había tenido por un enemigo de la ofensa, aunque ir a celebrar la Diada de Cataluña a Madrid para subestimar la Constitución, amenazar con una transición nacional catalana y volver a la plaza Sant Jaume en una «volá» sin alternar una «mihilla» con sus invitados no catalanes, ya apuntaba a lo contrario.

Mucho más cómplices se muestran los nacionalistas con las astracanadas a las que nos tiene acostumbrados el diputado de Solidaritat para la Independència (SI), Alfons López Tena, a quien los parlamentarios convergentes le ríen las gracias muy probablemente para evidenciar su radicalidad, frente al supuesto independentismo moderado de CiU. Pero esta estrategia da lugar a situaciones injustas, pues no se entiende que, en julio, la presidenta del Parlament, Núria de Gispert (UDC), retirara la palabra al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, por asegurar que entre las filas de ERC había ex miembros de Terra Lliure, y no hiciera lo mismo con López Tena cuando, la semana pasada, calificó a España de «banda mafiosa». Los diputados catalanes ya se han «arregostao» a las bravatas del dirigente de SI, pero «mu malicos» se quedaron el pasado jueves cuando, a instancias del independentista, estuvieron a punto de discutir punto por punto las 600 resoluciones presentadas en el Debate de Política General. Resoluciones que nada nuevo aportan más allá de una «panzá» de buenos propósitos sobre pacto fiscal, empleo, inmersión o ley electoral negociados por CiU a varias bandas.

(Qué «regomello» me da que no se haya entendido alguna palabra...).