EL FELIZ MOMENTO DE LA OCB

Actualizado:

En alguna ocasión he comentado en estas mismas páginas lo paradójico de la situación vivida por la OBC en los últimos años. Desde la llegada del nuevo director general del consorcio de l´Auditori y de la orquesta, Joan Oller, la entidad ha sufrido diversos cambios de consideración, desde la cancelación de las temporadas artísticas agrupadas en Auditori XXI (música de cámara, «Lied», música contemporánea, etc.) o el comienzo de las obras de la Sala de Cámara, hasta la incorporación de un nuevo director titular, Ernest Martínez Izquierdo, quien llegó para reemplazar a Lawrence Foster al mando del conjunto catalán con ideas completamente diferentes.

La apuesta de Oller en el apartado artístico se encontró con una oposición muy dura dentro de la casa, pero su poder de persuasión y los resultados artísticos obtenidos obligaron a muchos de los opositores a reconsiderar su postura. Las críticas a la elección de Martínez Izquierdo quedaron enquistadas en el sector más conservador tanto de los músicos del conjunto como de un sector del mundo musical barcelonés, sin reconocer para nada la evidente aportación del director -también barcelonés-, que ha mejorado ostensiblemente el sonido del conjunto y que ha ayudado como nadie a que los músicos de la OBC puedan aprovechar mejor su tiempo y su dedicación a la orquesta, además de brindar oportunidades a otros jóvenes colegas suyos, como Josep Caballé. Debido a que la relación con los músicos no consiguió cuajar, Martínez Izquierdo declinó renovar su contrato con la OBC, decidiendo marcharse a finales de esta temporada. Ya todo está decidido, incluso se cuenta con un entusiasta Eiji Oue que sucederá al músico catalán a la cabeza del conjunto. Pero, ¿por qué esta animadversión?

La verdad es que la historia reciente de la OBC evidencia que los directores catalanes no son bienvenidos como titulares del conjunto. Parte de los músicos y parte de la prensa los machaca y no les brinda la oportunidad de abrir camino con una propuesta artística, incluso desoyendo los resultados obtenidos. El caso de Martínez Izquierdo es buen ejemplo de ello. Todo el mundo conocía su trayectoria, sus intereses y su talento. Pero para esa parte de los músicos y de la opinión pública parece que es mucho más importante que el talento la trayectoria y el impacto mediático. Yo pienso que esta gente no tiene los pies bien puestos sobre la tierra. ¿Quieren como titular de la OBC un Chailly, un Barenboim, un Maazel, un Mehta o un Muti? ¿No se dan cuenta que este tipo de batutas sólo están al alcance de orquestas con un presupuesto varias veces más generoso que el de la OBC y que les reporte unos beneficios artísticos y comerciales inmediatos? ¿No es mejor apostar por un músico joven, por una figura en pleno despegue y que llega lleno de energía y de proyectos? ¿Por qué ese miedo a confiar en los músicos del país? ¿Por qué esos mismos críticos no se preocupan de asuntos realmente importantes como la cada vez más urgente reforma de la acústica de la Sala Sinfónica de l´Auditori en lugar de gastar saliva desprestigiando y despellejando? A mi me parece que en esto hay mucho de envidia y poco criterio.

Hoy la OBC vuelve al emblemático Musikverein de Viena (donde cada año se hace el famoso Concierto de Año Nuevo), con Martínez Izquierdo en el podio. Que el conjunto catalán, dirigido por su titular barcelonés, pise un escenario de tanto prestigio de la mano de Manuel de Falla y Xavier Montsalvatge debería ser un doble motivo de orgullo para los habitantes de este país, no un argumento más para alimentar una envidia malsana.