Faenas que dejan huella

TOROSPlaza Monumental. Domingo 13 de julio. Entrada: bastante menos de media plaza. Seis toros; dos -1º y 2º- de hermanos Fraile Mazas y cuatro de Valdefresno.Manuel Jesús El Cid: silencio; salida al

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TOROS

Plaza Monumental. Domingo 13 de julio. Entrada: bastante menos de media plaza. Seis toros; dos -1º y 2º- de hermanos Fraile Mazas y cuatro de Valdefresno.

Manuel Jesús El Cid: silencio; salida al tercio.

Sebastián Castella: salida al tercio; silencio.

Miguel Ángel Perera Oreja; dos orejas. Salida a hombros

ANTONIO SANTAINÉS CIRÉS

Recuerdo de mis ya lejanos años mozos, la justa apreciación que hacía un escritor de la famosa faena de Antoñito Bienvenida, allá por septiembre de 1941 en Madrid, con los tres pases cambiados al novillo Narajito. Decía, entre otros sabrosos comentarios, que había dejado a los aficionados de solera con la boca abierta. El novillo era pequeño pero el mérito hubiera sido el mismo delante de una silla. Miguel Ángel Perera acaba de escribir una página de oro sobre el renegrido ruedo de la Monumental. El toro era muy noble pero considero una aberración que los mulilleros le dieran la vuelta al ruedo. La bravura brillaba por su total ausencia. El peso de los años no me ha tornado insensible ante los bellos acontecimientos. Me alegro. Gocé a las mil maravillas la faena de Miguel Ángel al sexto toro, llamado Gañanito, y estoy plenamente convencido que la faena dejó huella imperecedera. Andando los años será punto de referencia como algo excepcional en nuestros tiempos.

Por unos minutos Miguel Angel me devolvió la emoción del recuerdo de faenas históricas. Entre toro y torero se produjo una perfecta simbiosis de la que se benefició el público, gozó el torero y el toro, que acabó embistiendo al son que le marcaba Miguel Ángel Perera.

Miguel Ángel hizo lo que hizo en este último toro de la tarde. Toreó lo que quiso y como le dio la gana, con un estupendo y depurado estilo. Con la derecha, con la izquierda, con un poder creador que fascinaba, bordando una acabada filigrana dentro de su personal estilo. He visto a un público entregado aclamando sin cesar a un gran torero: a Miguel Ángel Perera. Creo que entrar en detalles sería empequeñecer la obra del genio. Se cruzó en la suerte suprema y el estoque fue desapareciendo centímetro a centímetro por el hoyo de las agujas.

No sé, Miguel Ángel, si serás capaz de repetir la hazaña. Ésta, tu faena al sexto toro, quedó grabada en mi cerebro como camino a seguir si quieres que resurja la Fiesta. En su primero resultó golpeado. Pero no se afligió. Mató de estocada algo trasera y tendida.

Al Cid le correspondió el peor lote. Sus toros eran incómodos por el pitón derecho, Le avisaron primero y el que rompió plaza, flojo de patas, lo cogió. En el cuarto lo vi, pese a su voluntad, desorientado.

Sebastián Castella tuvo alardes de valor en su primero. Falló con la espada. El quinto se revolvía en un palmo de terreno,. Todo fueron escollos para Castella, que mató con feo estilo.

Gracias Miguel Ángel. Acabo de deleitarme con las finas y sencillas maneras de su buen toreo. Fueron una evocación de otros tiempos y me costó trabajo reprimir las lágrimas.