La imponente torre Agbar verá transformar las antiguas industrias del Poblenou

A la espera de los cambios

La nueva Torre Agbar es es el símbolo la reconversión del Poblenou. En el entorno de la plaza de las Glòries el contraste entre lo viejo y lo nuevo se hace evidente. Nuevos vecinos y actividades destacan entre naves todavía por reconvertir y solares llenos de grúas y excavadoras

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TEXTO: ANNA CABEZA FOTO: YOLANDA CARDO

BARCELONA. Los solares vacíos y las múltiples obras de los alrededores de la plaza de las Glòries contrastan con las nuevas calles urbanizadas, llenas de padres recién estrenados que pasean a sus niños en el cochecito. Bajo la atenta mirada de la imponente torre de Aguas de Barcelona, el barrio barcelonés del Poblenou asiste a un auténtico cambio de «look» para dejar de lado su pasado industrial y ver el nacimiento de un área llamada a liderar el fututo económico de la ciudad.

La ambiciosa reconversión de la zona -no sólo como area residencial, sino también como centro de negocios- simboliza la esperanza de un entorno que se había quedado demasiado «atascado» en el pasado. Sin embargo, hasta el momento lo único posible para los autóctonos es la espera, que a veces se hace un tanto pesada debido a la gran cantidad de obras que se están ejecutando en el barrio.

Según datos del 22@, el número de viviendas de la zona se doblará y el parque residencial acabará teniendo más de 40.000 inmuebles -con más de 3.500 nuevas viviendas de protección oficial-. Los nuevos edificios atraen lógicamente a famílias jóvenes que quieren instalarse en una zona con precios aún relativamente asequibles, pero también a muchos inversores, que ven la inmensa potencialidad de instalar negocios en el barrio renovado.

Esta realidad se hace especialmente visible en los alrededores de la Torre Agbar, en un entorno que cambia casi de un día para otro. Allí, muchos de los nuevos vecinos hace muy poco tiempo que se han trasladado. Es el caso de Núria, que vive delante de la antigua fábrica en transformación de Ca l´Aranyó y que reconoce que la calidad de las viviendas que se inaugura en la zona es muy bueno.

Además, comenta que «las calles se están abriendo y estamos bien comunicados, aunque falta mucho por hacer». En este sentido, Núria asegura que la zona está muy bien dotada de servicios públicos y que será un barrio muy joven , si bien «no tenemos biblioteca y esto es una carencia inmensa».

La tortura de las obras

De la misma manera que Núria, Esther, de 32 años, está muy contenta de vivir en un barrio bien comunicado, a tocar del intercambiador de Glòries, y asegura que eligió el sitio «porque es una zona muy calmada, aunque no sé si lo será cuando esté todo remodelado». Además, Esther explica que en algunos de los solares todavía sin edificar se han convertido en refugio de «okupas» y de inmigrantes, algo que, no obstante, y en el mismo tono idílico con el que habla, asegura «que no es un problema».

Por contra, los vecinos más antiguos del Poblenou son quizás los que notan más los cambios. Es el caso de Carmen y Antonio, que llevan en el barrio casi cincuenta años y que denuncian que, debido a las obras, muchas calles son, de momento, impracticables. «Esto es el barrio de las grúas», comentan cerca de un solar que deja a la vista más de una decena de ellas.

Por su lado, Rosalía no vive en el barrio, pero lleva más de quinze años trabajando como farmacéutica allí y comenta que «después será genial, pero ahora estamos sufriendo los cambios». En menos de un año, Rosalía ha visto como le robaban en su comercio en siete ocasiones, por lo que exige más inversiones en protección. Sin embargo, ella, como la mayoría de los vecinos es positiva: «Será un cambio agradable pero, de momento, estoy a la espera».