El sociolingüista Branchadell posa tras la presentación de su ensayo Efe

Un ensayo niega que la independencia implique la normalización del catalán

Una Cataluña independiente no significaría un paso adelante en la normalización lingüística del catalán. Es la tesis que sostiene el sociolingüista Albert Branchadell en su ensayo «La hipòtesi de la independència». En su opinión, la independencia «no es posible» ya que no existen argumentos que justifiquen una secesión. Sostiene, además, que este planteamiento «no es moralmente justificable».

BARCELONA. Sergi Doria
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El sociolingüista Albert Branchadell parte del análisis científico para desmontar la creencia de que sólo en una Cataluña independiente sería posible la definitiva normalización del catalán. Con «La hipòtesi de la independència» (Empúries) el filólogo culmina una trilogía ensayística que se inició con «La normalitat improbable» y prosiguió con «Liberalisme i normalització lingüística». Contra la hipótesis que liga la suerte de la lengua catalana con un proceso independentista, el profesor de la UAB argumenta que «es empíricamente falsa ya que tenemos ejemplos de comunidades lingüísticas como Irlanda que se han independizado y no han normalizado su lengua y comunidades como Flandes, que sin ser independientes, han normalizado su lengua».

La independencia de Cataluña no le parece «factible en la práctica, ya que no se conoce ningún caso de secesión en el marco de una democracia liberal». Sostiene que la independencia «no es moralmente justificable», ya que no existen razones que justifiquen la secesión de Cataluña del Estado español». En último caso, «sólo sería admisible si la lengua estuviera en peligro de extinción» y, como demuestran los estudios de entidades diversas como el CIS o la propia Generalitat «el catalán no sólo no está en peligro sino que avanza en su implantación».

Basándose en los resultados electorales y las encuestas de opinión, Branchadell calcula que el independentismo sociológico no pasa del veinte por ciento de la población, por lo que deduce que no sería posible «plantear un referendum y ganarlo, como ya se demostró en el Quebec, que contaba con un mayor soporte independentista».

En una Cataluña independiente con un cincuenta por ciento de la población castellanohablante el catalán no mejoraría su situación, añade Branchadell. Aduce que el estado catalán aspiraría a entrar en las instituciones europeas y ratificaría todos los tratados internacionales de Derechos Humanos y contra la discriminación de las minorías lingüísticas. De esta manera, «el castellano no perdería su condición de lengua oficial y la población hispanófoba tendría derecho a exigir una red educativa propia, lo que pondría en peligro el bilingüismo de la juventud».

El sociolingüista Albert Branchadell concluye que una futura Cataluña independiente «no cumpliría dos de los atributos de todo proceso normalizador: que la lengua sea un vehículo de comunicación interétnica y que se convierta en la única lengua oficial».