ANÁLISIS

Economía hasta en las aulas

JOAN CARLES VALERO
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En las postrimerías de agosto solemos plantearnos buenos propósitos para iniciar el nuevo curso. Volver al inglés por enésima vez, al gimnasio o comprar cada día el ABC para obtener un portátil a precio de ganga, son algunos de los objetivos que me han comentado amigos y familiares. España ha logrado el indudable éxito como país de haber incorporado en poco tiempo al sistema educativo reglado a la totalidad de la población. El analfabetismo en la década de los 60 era elevadísimo y hoy casi ha desaparecido. Excepto en materia económica. Se ha producido un gran avance, pero los resultados del sistema educativo son muy malos en términos comparados y seguimos invirtiendo más tiempo a la compra de cualquier prenda de vestir que en contratar un producto financiero. Incluso ante hipotecas que nos obligan durante 30 y 40 años, nos ponemos en manos del primer empleado de nuestra entidad habitual. Sin molestarnos en comparar e incluso entender lo que firmamos. Por suerte, la formación económica va a adquirir este curso más protagonismo en la escuela. El próximo informe Pisa de 2012, documento que mide las destrezas de los alumnos de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias naturales, evaluará también la cultura financiera. Para los escolares, la educación en economía práctica es ya una materia transversal, gracias a una iniciativa de BBVA que persigue potenciar actitudes positivas frente al uso del dinero, como la responsabilidad, el ahorro, la prudencia, el esfuerzo o la solidaridad. El objetivo es ayudar a los chicos a tomar decisiones mediante la reflexión. Ahora que los españoles hemos descubierto que tenemos una prima cuya relación con un tipo alemán nos obliga incluso a reformar la Constitución, bueno es saber que el Banco de España y la CNMV desarrollan un plan de educación financiera básica que, entre otras iniciativas, incluye la página www.finanzasparatodos.es Nadie discute que la formación condiciona y condicionará el bienestar de los ciudadanos y el funcionamiento de la economía de las próximas décadas. Presumo que nuestro analfabetismo económico subyace en esta crisis que cumple cuatro años. Formar a los informadores contribuiría a democratizar y elevar la calidad del conocimiento económico. Entidades como Ibercaja, en colaboración con la Universidad de Zaragoza, llevan siete años formando a periodistas en la doctrina de Adam Smith. Lamentablemente, Cataluña carece de este tipo de iniciativas. Lo digo porque en la aprobación de los Presupuestos del Govern, una joven colega de la competencia me preguntó inocentemente: «¿De dónde obtiene el Govern los ingresos?». Ella no habría superado Pisa.