Celestino Corbacho - Tribuna Abierta

Diálogo, pero con claridad

Al presidente Torra hay que preguntarle si piensa abandonar la uniteralidad

Celestino Corbacho
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Hace unos días asistimos a la entrevista entre el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Quim Torra. A tenor de las imágenes paseando plácidamente por los jardines de la Moncloa podríamos sacar la conclusión de que entre ambos no solo hay complicidades sino además consenso sobre la situación en Cataluña, pero el presidente del Gobierno de España debería de explicar con claridad que él nunca negociará ningún referéndum de autodeterminación, ni promoverá una reforma constitucional que incorpore esta posibilidad.

¿Por qué? porque ningún presidente del Gobierno de España que se precie lo puede proponer. Además, debería de explicar con claridad al presidente Torra que cuando menosprecia al Rey está menospreciando a la jefatura que representa a todos los españoles, más allá de la discusión entre monarquía y república. Mientras la Constitución no se cambie, España es una monarquía parlamentaria, que fue refrendada por los españoles, y también en Cataluña, en 1978. El presidente Sánchez no debe olvidar su compromiso de respetar la Constitución con lealtad a la jefatura del Estado.

Ante esta situación, al presidente Torra hay que preguntarle si piensa abandonar la uniteralidad y si se compromete a ejercer su función como presidente del gobierno de la Generalitat para gobernar con las competencias que tiene de acuerdo con la Constitución y el Estatuto de autonomía –más allá de sus modificaciones en el futuro, si así se considera– o si piensa seguir con la matraca de la independencia. Una independencia imposible de conseguir en el siglo XXI, donde el mayor reto que tiene Europa es avanzar para hacer una Unión Europea cada día más fuerte, donde los Estados nación vayan cediendo competencias en beneficio de esa institución superior Todo ella queda totalmente incompatible con procesos de secesión.

Yo no censuro el diálogo, todo lo contrario. El diálogo entre gobiernos siempre es positivo y necesario. Diálogo sí, pero con claridad sobre hasta dónde se está dispuesto a llegar. En política no vale todo y menos para continuar alimentando la confusión.

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