El cordobés impasible

El cordobés impasible

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El pasado mes de diciembre, el Tribunal Supremo por fin dictó la primera sentencia firme ratificando lo que muchos considerábamos obvio: que la Generalitat debía garantizar el derecho de los padres a poder educar a sus hijos también en castellano. Es bastante grave que se obligue por mandato judicial a un gobierno a respetar un derecho básico. Pero es mucho más grave que ese gobierno, incluso habiendo sido condenado por el TSJC y por el TS no cumpla las sentencias.

Si un ciudadano debe cumplir con el contenido de las resoluciones judiciales, ¿por qué un gobierno autonómico no lo hace? ¿Merecemos los catalanes un presidente que no cumple las sentencias del TS? ¿Alguien se imagina que el gobernador de Nueva York o California no cumpliera las sentencias condenatorias del Tribunal Supremo de los Estados Unidos y continuara en su cargo?

El responsable de que esto suceda en Cataluña es el presidente de la Generalitat, José Montilla. Un presidente que, a diferencia de lo que piensan algunos, no pasará a la historia por ser el primer presidente catalán nacido en Andalucía, si no por ser el primer presidente castellanoparlante que aplica la política más excluyente contra los que hablan su lengua: sanciones a comerciantes que rotulan en castellano, prohibición en el proyecto de Ley de Educación de Cataluña de utilizar el castellano junto al catalán como lengua en la escuela, despidos de profesionales de Catalunya Ràdio por no hablar en catalán, sanciones a Mossos d´Esquadra por redactar diligencias en castellano, exclusión de escritores catalanes de la Feria de Frankfurt por escribir en castellano, y un largo etcétera de atropellos que ni Pujol, el profeta del nacionalismo catalán, hubiera soñado plantearlos de forma tan cruda.

Desde Ciudadanos llevamos más de dos años recordándole a Montilla que incumple la Constitución, las leyes y las sentencias. Ahora, ya, incluso las del Tribunal Supremo. Hace más de una semana le solicitamos una reunión formal, precisamente con la voluntad de buscar un acuerdo que permita que en los colegios catalanes se puedan impartir clases tanto en catalán como en castellano.

Pero el silencio o la descalificación parece ser la respuesta preferida de un presidente al que no le gusta que algunos le recordemos públicamente cómo traiciona a buena parte del electorado socialista con su política, propia del nacionalismo más caduco. Claro que, cuando el primer secretario del PSC lleva a sus hijos a un colegio privado alemán, donde se dan clases en cuatro idiomas incluido el castellano, poco le debe importar que en la educación pública y concertada se impartan obligatoriamente el 90 por ciento de las clases solo en catalán.

Si sigue por este camino, Montilla pasara a la historia como el Cordobés Impasible.

Albert

Rivera

Presidente

de Ciutadans

TRIBUNA ABIERTA