Vista por duplicado de «Autoretrato con paleta» - efe

De cómo Picasso devoró París

Una exposición repasa la evolución del artista en la ciudad francesa entre 1900 y 1907

BARCELONA Actualizado:

La muestra que revolucionará los próximos días la calle Montcada llega del Museo Van Gogh de Amsterdam y no viajará más. Así lo explica Pepe Serra, director del Museo Picasso de Barcelona. La exposición es un escaparate de lo que fue el universo parisino del pintor malagueño desde 1900 a 190 formado tanto por importantísimas obras de Picasso como por cuadros de artistas que él admiraba y que tuvo la fortuna de ver de cerca en París como Van Gogh, Cézanne y Toulouse-Lautrec, entre otros.

Bajo el inquietante nombre de «Devorar París» se esconde un conjunto de joyas muy difíciles de ver por separado y en conjunto. «La pretensión es explicar cómo Picasso se pelea, absorbe, homenajea, copia y se deleita con la masa cultural de la capital francesa», apunta Serra, quien reivindica que sería fantástico que fuera una exposición permanente porque ayuda mucho al público a entender la eclosión de aquellos años de principios del siglo XX.

La comisaria Marilyn McCully subraya que gracias al trabajo de investigación «hemos descubierto muchas conexiones que hizo Picasso en París». En apenas seis años devoró la ciudad: «En 1906 ya estaba en la cresta del mundo artístico de París».

Conexión Van Gogh

El paralelismo con Van Gogh añade interés a esta cita imprescindible de la agenda de Barcelona. «Hemos comparado la obra de Picasso con Rusiñol, con las estampas japonesas y con Degas, ahora es el turno de Van Gogh», comenta Pepe Serra. Por su parte, la comisaria reconoce que el descubrimiento de París por parte de Picasso es muy semejante al que hizo el pintor holandés catorce años antes. «Los dos se instalaron en un primer momento en Montmartre y entraron en poco tiempo en contacto con los marchantes y los galeristas. Sin poder afirmar qué obras vio Picasso de Van Gogh descubrimos en algunos de sus lienzos la vitalidad de sus colores y las enérgicas pinceladas». Lo que sí que está documentado es que al final de su carrera dijo que pocos artistas le habían influido tanto como Van Gogh y de él afirmó que «era el más grande de todos».

Entre las obras que de ambos podemos comparar sorprende el paralelismo entre «La arlesiana»(Jaqueline) de Picasso (1958) y la de «La arlesiana» (Madame Gonoux) de Van Gogh 1888. Todos los estudiosos de Picasso subrayan su admiración por la antigüedad. Después de ver una exposición de arte ibérico en el Louvre cambió su rumbo y su orientación temática. Y entre aquellas influencias destacamos el «Autorretrato con paleta» propiedad del Museo de Filadelfia cuya cabeza está claramente inspirada en una escultura de una cabeza masculina de piedra s.III aC que le regaló un amigo y que también forma parte de la exposición.