Miquel Porta Perales - EL OASIS CATALÁN

Chantaje

En Cataluña se ha instalado el chantaje. Entiéndase bien: la presión para obligar a alguien a actuar de una manera y obtener algún beneficio en la forma que sea

Miquel Porta Perales
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En Cataluña se ha instalado el chantaje. Entiéndase bien: la presión para obligar a alguien a actuar de una manera y obtener algún beneficio en la forma que sea. Ejemplos, sobran. El vandalismo urbano desatado durante los últimos días en Gracia –esa suerte de guerra civil molecular, que diría Enzesberger- es una forma violenta de presionar a las autoridades para recuperar el territorio perdido y disuadir de cualquier intervención posterior. Por su parte, la negativa de los ciudadanos de Tortosa, vía referéndum popular, a desmantelar el monumento levantado en el lecho del Ebro, que conmemora la victoria de las tropas franquistas en la batalla del Ebro, ha indignado –la indignación como presión- a los antifranquistas que luchan contra un franquismo que ya no existe. Suma y sigue. La CUP presiona al gobierno de la Generalitat con una enmienda total a los presupuestos que podría conducir a unas elecciones autonómicas avanzadas en Cataluña. Por lo demás –como no podía ser de otra manera-, el nacionalismo catalán, con la colaboración cómoda o incómoda de los sindicatos y el PSC, se manifiesta contra las resoluciones del Tribunal Constitucional con el objeto de presionarlo. Y no hay que olvidar a ese príncipe de la paz y demócrata sin tacha, que responde al nombre de Arnaldo Otegui, que visita el parlamento catalán –es recibido por una presidencia que se dice de todos- con el objeto de presionar al Estado y la opinión pública para que se le reconozcan sus méritos. Y si usted –durante esta semana- pretende coger el Metro, ármese de paciencia para resistir la presión de esos privilegiados que son los conductores del transporte público.

La autoridad, ¿qué hace la autoridad? Unos, callan o practican la equidistancia con el objetivo de mantenerse en el cargo o evitar el adelanto electoral. Otros, tildan de franquistas o antidemócratas a quienes piensa distinto o cumplen la legalidad vigente. Y el ciudadano se ha vuelto un estoico que aguanta lo que le echen. El chantaje funciona.

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