Ángel González Abad - Los martes, toros

Censura, autocensura, prohibición

«Apartar de las pantallas una película sin dar oportunidad a que sea el público quien con su aceptación o rechazo dé corta o larga vida al film, no es otra cosa que prohibir»

Ángel González Abad
Barcelona Actualizado: Guardar
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La pasada semana se proyectó en la capital catalana la película Un filósofo en la arena, en la que Francis Wolff presenta su visión sobre la tauromaquia, su trascendencia histórica y su devenir. Con la visión también de intelectuales, artistas y profesionales, puestas sobre la pantalla por dos cineastas mexicanos. Se ha proyectado la película en Sevilla, Madrid y Barcelona. En las tres ciudades de una manera puntual, sin continuidad en la cartelera, y es que ninguna distribuidora se ha atrevido a anunciarla en España; como las direcciones de festivales como San Sebastián, Málaga o Valladolid tambien han frenado su participación en dichas muestras. «Aborda un tema polémico», parece ser la excusa para que la película quede relegada al olvido. Censura, autocensura, que aún es más grave.

Sin embargo, en México ha tenido una excelente acogida y su proyección ha entrado con normalidad en numerosas salas de varias ciudades. Aquí, pese a que la Tauromaquia es por ley un bien cultural que debe ser protegido y fomentado por las diferentes administraciones, se impone una falsa progresía, que en realidad no es otra cosa que una peligrosa regresión cultural y social, y por ende democrática.

Apartar de las pantallas una película sin dar oportunidad a que sea el público quien con su aceptación o rechazo dé corta o larga vida al film, no es otra cosa que prohibir. ¿Les suena la historia? Libertades cercenadas. Así lo hizo el Parlament cuando prohibió las corridas de toros en Cataluña, y pese a que el Tribunal Constitucional le afeó y tumbó la abolición, las cosas siguen igual, precisamente por esa autocensura, por el miedo. El miedo de una empresa, y de un sector, que con una imponente plaza de toros en estado de revista se pone la venda antes que la herida. «Las circunstancias no lo aconsejan», vienen a decir, que no es otra cosa que dar la razón a quienes la Justicia se la ha quitado. Censura, autocensura, prohibición, un cóctel que nos lleva a la libertad perdida.

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