Un bolso con 100 personajes

CRÍTICA DE TEATROArturo Brachetti-Autor: Arturo Brachetti y Sergi Denoncuourt _Texto: Arthur Kopit_ Música y banda sonora: Simon Carpentier _ Escenografía: Guillaume Lord _ Intérprete: Arturo

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CRÍTICA DE TEATRO

Arturo Brachetti

-Autor: Arturo Brachetti y Sergi Denoncuourt _Texto: Arthur Kopit_ Música y banda sonora: Simon Carpentier _ Escenografía: Guillaume Lord _ Intérprete: Arturo Brachetti. Tívoli, 30-XII-2006

SERGI DORIA

Arturo Brachetti encarna cien personajes en cien minutos. La cosa empieza con un baúl de los recuerdos en un desván de nostalgias infantiles. Pinocho, Barbie, la policía montada del Canadá, un mago chino, Spiderman y un tiroteo del Oeste para ir abriendo boca. Un bolso rojo con la voz de la «mamma» sigue convocando recuerdos. De un sombrero agujereado, Brachetti se saca 25 personajes: del capitán Garfio a la Cleopatra de Liz Taylor, pasando por una memorable parodia de Gloria Swanson en Sunset Boulevard y Casanova diciendo a su dama: «¡Sei bella como una mortadella!». Y el bolso como disco duro de las artes denominadas parateatrales. ¡Ahí es nada! Brachetti se pasea con la magia de un Segundo de Chomón por el hotel eléctrico: el bolso vuela con una tramoya perfectamente engrasada y las luces tienen colores de Mélies. Marionetas, ilusionismo, circo, linterna mágica, mimo y unas sombras chinescas que convierten una sábana en el bosque más animado. La poética escenográfica hubiera entusiasmado a Brossa; cuatro estaciones vestidas al estilo de Gaultier abren la fábrica de sueños. Y Brachetti es una factoría. Perfecto su «Gran dictador» dándole al globo terráqueo y el Bond psicodélico de «Goldfinger». Se hunde el Titánic pero el bolso rojo sigue flotando como salvavidas de los sueños. Brachetti puede ser Julie Andrews en «Sonrisas y lágrimas», una Blancanieves rijosa, Carmen Miranda con banana fálica, Judy Garland «over the rainbow» y su hija Liza en el Cabaret. El hombre de las mil caras no deja un instante de respiro al respetable. Sus metamorfosis tienen la velocidad de un diálogo de Groucho Marx. Picardías aparte, su espectáculo es para todos los públicos. Ha triunfado en París, Montreal, Londres y Los Ángeles. Lleva en los genes la «commedia dell´arte», la tradición del transformista Frégoli y la «vita bella» de Benigni. Pero el homenaje final se lo lleva el Fellini de «La strada».