Joan Carles Valero - Letras expectativas

La Barcelona azul

«En el Anoia se han vuelto a ver nutrias, y en el delta del Llobregat proliferan la flora y la fauna como hacía décadas no ocurría»

Joan Carles Valero
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Este mes culminará el primer gran proyecto que ha impulsado la Diputación de Barcelona durante los últimos tres años, pilotado por su actual presidente, Marc Castells, que también es alcalde de Igualada. Se trata de las Vías Azules o Blaves, una operación pionera en el sur de Europa por su dimensión, ya que no solo persigue recuperar los cauces y riberas del río Llobregat y sus principales afluentes, Cardener y Anoia, con 306 kilómetros de recorrido, sino que también pretende convertirse en un instrumento de dinamización turística de las comarcas barcelonesas del Berguedá, Bages, Bajo Llobregat, Vallés Occidental y Barcelonés, más allá del atractivo de Barcelona.

El proyecto ha implicado poner de acuerdo a casi 60 municipios que tienen el denominador común de ser atravesados por los tres cauces fluviales que recorren tres parques naturales, doce espacios naturales protegidos, ocho espacios turísticos y que cuentan con más de 5.000 plazas de alojamiento en un área de influencia de más de 5 millones de personas, es decir, el 70 % de los catalanes. La Diputación y la Generalitat presentaron ayer el anteproyecto del Plan Director Urbanístico, que es el documento base para poder ejecutar una inversión de 60 millones que asume en su totalidad la institución provincial.

Que el proyecto será un éxito lo atestigua que la Vía Azul o camino de ribera ya existe en el tramo final del Llobregat, desde Martorell a El Prat. En pocos años se ha convertido en un auténtico parque fluvial, muy utilizado por los ciudadanos, sobre todo los fines de semana, ya que son itinerarios ideales para paseantes, ciclistas y jinetes.

Marc Castells subraya el carácter mancomunal de este proyecto, que convierte los ríos en infraestructuras naturales con el sano objetivo de que las actuales generaciones y las futuras las gocen como lo hicieron nuestros abuelos, además, claro está del atractivo turístico y, en consecuencia, el motor económico que suponen. Porque esos ríos ya no son cloacas a cielo abierto. Ahora, la industria de curtidos de Igualada y la minería del Bages, por ejemplo, no realiza vertidos en sus aguas, hasta el punto de que en el Anoia se han vuelto a ver nutrias, y en el delta del Llobregat proliferan la flora y la fauna como hacía décadas no ocurría. Una buena noticia que hará más azul la provincia de Barcelona.

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