AJUSTE DE IDEAS

Aquellos mil puñeteros euros

Cataluña, digámoslo claro, se ha comportado como la más española de las administraciones públicas durante los últimos lustros. Se derrochó de forma zafia en la época del tripartito y se derrochó con algo más de glamour durante los gobiernos de Jordi Pujol

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EL PP ha renunciado a gobernar Barcelona en coalición con CiU. El líder de los populares en el Ayuntamiento, Alberto Fernández, no quiere estar en medio si la ofensiva nacionalista que a estas horas se cuece en el Palau de la Generalitat y en los sótanos convergentes finalmente también arrastra al alcalde Trias hacia posturas radicales. Se trata de un paso atrás preventivo; el dirigente popular no se fía de las intenciones de CiU y los indicios parecen querer darle la razón.

Aritméticamente prescindible para el Gobierno de Rajoy, en los próximos meses el Ejecutivo catalán recurrirá a cualquier medio a su alcance para justificar la necesidad de un rearme nacionalista. La política exterior será un elemento clave y ahí cabe enmarcar el viaje a Londres del presidente de la Generalitat. «Vengo a Londres a explicar la verdad», sentenció Artur Mas antes de participar en la cumbre de gobernantes liberales-demócratas.

Pues bien, si vamos a explicar la verdad, expliquémosla toda, porque, de lo contrario, nos hacemos trampas al solitario. Y la verdad no se compone de sumar a los 750 millones de euros adeudados por el Estado un sistema de financiación insuficiente —que también—, sino del resultado de mezclar lo anterior con una gestión indecente del dinero público. Cataluña está donde está porque ha gastado sin ton ni son. Cataluña, digámoslo claro, se ha comportado como la más española de las administraciones públicas durante los últimos lustros. Se derrochó de forma zafia en la época del tripartito y se derrochó con algo más de glamour durante los gobiernos de Jordi Pujol, edad dorada de los empresarios modelo, las redes clientelares y la cultura subvencionada.

Expliquemos que es necesario revisar las balanzas fiscales pero, aunque sólo sea por pudor, evitemos ponernos estupendos. Por ejemplo, convendría no olvidar que, en Cataluña, mientras la sociovergencia archivaba en un cajón sin fondo aquellos informes de la Sindicatura de Comptes que denunciaban irregularidades en el sector público, otros informes —en muchos casos cuatro folios mal contados copiados de internet por empresas de amigos, conocidos y familiares— se pagaban a precio de oro.

¿Saben qué respondió, indignado, el ex presidente del Parlament Ernest Benach cuando alguien le recriminó la contratación de un servicio de traducción al castellano con motivo de la visita de una delegación de Nicaragua a la Cámara autonómica? «¡Por mil puñeteros euros...!». Ésa ha sido la filosofía. Por eso estamos como estamos... por millones de puñeteros euros tirados a la basura.