Antonio Robles - Tribuna Abierta

La atmósfera lazi

A un maestro se le puede ir la olla, hay indeseables en cualquier profesión, pero a quienes no se les puede disculpar nunca son a las instituciones responsables y a los medios afines

Antonio Robles
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La agresión de una maestra independentista a una niña de 10 años por pintar la bandera española en su cuaderno, es un acto intolerable en sí mismo. Como lo fue la exhibición de una pistola en clase por parte de un profesor hace unos años.

Un caso y otro representan el fracaso más profundo de la labor docente. Pero entre un caso y el otro hay una sustancial diferencia, en el segundo, el rechazo social en general, y especialmente, de los medios de comunicación en su conjunto, criminalizaron el acto y el departamento de enseñanza sancionó al sujeto. No así en el segundo. Y este es el problema.

A un maestro se le puede ir la olla, siempre hay indeseables en cualquier profesión, pero a quienes no se les puede disculpar nunca son a las instituciones responsables y a los medios de comunicación afines. TV3 ha obviado el hecho de la niña agredida. A nadie se le escapa por qué. Si en vez de pintar la bandera española, hubiera pintado la estelada y, la maestra agresora, en lugar de independentista, hubiera sido antinacionalista, la que hubiera montado sería de traca. El satanizar a los padres o forzar interpretaciones disculpatorias, o peor aún, reducir al silencio el escándalo por parte del catalanismo denota un problema patológico. Si bien la agresión de la maestra no es generalizable, su encubrimiento taimado, sí lo es.

Este ejemplo nos habla de la patología sectaria, cruel en que nos ha sumido el nacionalismo. La madre ha pedido por las RRSS que nadie haga nada. Teme por su hija. La agredida recela de la reacción institucional y social, y a la agresora se la protege. Varios padres ya han perdido su trabajo o sus negocios por atreverse a defender los derechos lingüísticos de sus hijos. Si no es fascismo, es algo muy parecido. ¿Por qué esta crueldad?

Porque la atmósfera lazi, ese aire enrarecido, emponzoñado de sectarismo, lo inunda todo. Y si bien la agresión es una excepción, la coacción es general. Quizás a través de esta sutil diferencia debamos empezar a distinguir entre la violencia física, y la violencia psicológica contra los disidentes a través de la manipulación, la mentira, la exclusión, la coacción, la satanización etc. Las dos violencias punibles.

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