Miquel Porta Perales - El oasis catalán

Antídoto

«Nuestro filósofo reivindica la impertinencia como antídoto ante semejante gremio de embaucadores»

Miquel Porta Perales
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Manuel Cruz, en su reciente libro Dar(se) cuenta, brinda una manera de enfrentarse a los mercaderes que expenden verdades supuestamente irrefutables. Nuestro filósofo reivindica la impertinencia como antídoto ante semejante gremio de embaucadores. Impertinencia: lo que molesta, lo que desagrada, lo que enfada. Impertinencia: atrevimiento, descaro, insolencia.

El autor, que reflexiona sobre la tarea del filósofo -por extensión, del ciudadano responsable-, señala que no es suficiente preguntarse por lo que ocurre y por qué ocurre. Hay que hacer más: poner en entredicho lo que no se cuestiona con un «¿estáis seguros?». Se trata de «percibir las grietas o inconsistencias de lo real, de la visión del mundo heredada». Y no solo eso: hay que comprometerse a «intervenir sobre lo percibido» con -¿por qué no?- propuestas. En definitiva, una mirada subversiva que descubre -cuando la haya- la «mentira subyacente». Una apuesta por la mirada filosófica «siempre recelosa» y «desconfiada» que nos alerta de lo que ocurre y se presenta como «perfectamente natural» o «ineludible» cuando no lo es.

El filósofo -¿por qué no el ciudadano?- contra las evidencias y obviedades que no resisten el análisis crítico. Por decirlo a la manera de Peter Sloterdijk, «una manera desinhibida de argumentar». ¿Para qué? Pues, para poner al descubierto la verdad desnuda o la mentira vestida. A uno se le ocurre que la impertinencia del filósofo que revindica Manuel Cruz -una impertinencia muy pertinente-, viene como anillo al dedo para discurrir sobre todo lo que nos afecta, desde la política económica al «proceso», pasando por la las propuestas del feminismo más combativo que desentierra la guerra de los sexos, o el ecologismo que se considera a sí mismo como el único sistema global de interpretación del mundo capaz de crear un contramodelo social científico. Un discurrir que hay que practicar -se deduce del discurso de nuestro filósofo- sin indulgencia. El antídoto, decía. En tiempo de elecciones, por ejemplo.

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