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Amortizar el capital humano

El paradigma de exaltación de la juventud nos empuja a utilizar a las personas como si fueran «kleenex»: siempre disponibles y, una vez usados, se tiran

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MUCHOS directivos engrosan las filas del paro o de la jubilación anticipada. El paradigma de quienes han tenido una potente vida profesional y se ven forzados a la jubilación lo encarna Francisco Belil, que fue el máximo responsable de Bayer en España antes de dirigir el suroeste de Europa para la también alemana Siemens. Al cumplir los 65 años de edad, Belil ha sido relevado en España por Rosa García, conocida todavía por su impronta en Microsoft. Está claro que Siemens puede permitirse el lujo de prescindir del talento de Belil, ya que ni siquiera le ha encomendado tareas prospectivas para aprovechar su potencial. De vivir en los aviones, ha pasado a gozar de los lunes al sol. Belil pronunciará mañana una conferencia en el Princesa Sofía con el sugerente título: «El pasado, pasado está y para el futuro, innovación».

Otro senior del que se ha rumoreado sobre su posible «amortización» es Salvador Alemany. Pero el presidente de Abertis, participada por La Caixa, seguirá en el cargo porque el juego de equilibrios que ha logrado tejer tras la aceptación social del concepto de pago por uso, junto a la diversificación e internacionalización de la compañía, combina a la perfección con la ambición e impulso que imprime desde junio de 2010 su consejero delegado, Francisco Reynes (49 años). Combinar capital humano para lograr un cóctel de éxito es una de las especialidades de Isidro Fainé, que en julio cumplirá 70 años.

El paradigma de exaltación de la juventud nos empuja a utilizar a las personas como si fueran «kleenex»: siempre disponibles y, una vez usados, se tiran. Necesitamos un nuevo paradigma. A principios del siglo pasado, Pio Baroja lo apuntaba en «La busca», novela en la que su joven protagonista acaba con don Custodio, un reciclador que le transmite que nada se puede desperdiciar en la vida.

Nuestra sociedad es capaz de reciclarlo todo pero incapaz de reciclar a los mayores. A lo sumo, se les asigna el cuidado de sus nietos. Otra asignatura pendiente es que todos seamos útiles. Ahí están los 1.200 socios de Secot (Seniors Españoles para la Cooperación Técnica), antiguos empresarios y ejecutivos que aconsejan y asesoran a emprendedores y a pymes que no pueden costearse una consultora comercial.

Juntos, los asociados de Secot atesoran 40.000 años de experiencia. Un capital que para los inciertos momentos que atravesamos constituye un gigantesco activo. Afortunadamente, a la Cámara de Comercio de Barcelona, que históricamente acoge la Secot barcelonesa, ahora se une la patronal Fomento del Trabajo para facilitar que los seniors ayuden al emprendimiento. Poner la experiencia al servicio de la sociedad es un acto de responsabilidad. Porque las personas, aunque se insista en el eufemismo de tratarlas como recursos humanos, no deben ser amortizadas si quieren seguir siendo útiles a la sociedad.