Antoni Fernández Teixidó - TRIBUNA ABIERTA

El alegato

Antoni Fernández Teixidó
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Después de cuatro meses, el juicio a los líderes catalanes independentistas quedó visto para sentencia. Las intervenciones finales de los encausados fueron, con matices, un alegato político en defensa del Procés y de sus actuaciones particulares. Eso sí, rebajando un grado la naturaleza de los hechos acaecidos y por ende, la magnitud del desafío secesionista. Junqueras, Romeva, Forn, Forcadell y compañía se dirigían formalmente a los jueces, fiscales y abogados del Estado, pero hablaban básicamente a sus seguidores, que esperan, entre la indignación y la esperanza, el desenlace del juicio.

Algunos sectores de la opinión pública exigen con insistencia que los acusados deben pedir perdón y presentar sus disculpas. Como hemos visto, su último alegato ante el Tribunal no ha servido para tal menester. Ni lo han hecho, ni sinceramente creo que lo vayan a hacer. Toda la argumentación de los líderes independentistas pone el acento en que hay que volver a la política y esta nunca debería haberse judicializado. Es una pretensión falaz, pues nunca se ha abandonado la política. No lo han hecho, ni unos ni otros. Lo que ahora se juzga es la conducta que esta política ha inspirado y si se ajusta o no a derecho. Ese es el núcleo del debate. El resto de cuestiones se sustenta en la visión del mundo que cada uno tiene.

Sigue reclamándose diálogo por activa y por pasiva. Los socialistas lo ofrecen convencidos de que finalmente podrán reconducir la situación. Conociendo el país no dudo de que su estrategia les llevará a obtener réditos políticos, de hecho las últimas elecciones son una prueba indiscutible de cuanto afirmo. Otra cosa distinta es que se pueda establecer un nuevo paradigma de reflexión política y actuación posterior, en base a un diálogo voluntarista que difícilmente llegará a buen puerto. Los líderes soberanistas no pedirán perdón, ni solicitarán el indulto y tampoco variarán, fundamentalmente, su orientación estratégica, expuesta ante el Tribunal Supremo. Tiempo al tiempo.

Hay que aceptarlo y respetarlo, asumiendo que para cambiar las cosas en Catalunya ha de variar sustancialmente la actual correlación de fuerzas en el Parlament y ensayar nuevas conductas que permitan avanzar de la mano de la Constitución o de su eventual reforma. Toda expectativa en otro sentido es ilusa y la naturaleza de los alegatos políticos del miércoles pasado es una prueba inequívoca de que con la sentencia en la mano, la que los jueces dicten, deberá hacerse un esfuerzo mayúsculo para conseguir que una parte de la sociedad catalana entienda, primero, y acepte, después, que la desobediencia y la unilateralidad han servido de bien poco a Catalunya, y sus líderes, hoy juzgados, son los principales responsables de la fatal deriva.

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