Alarma por el olor a cloro en el agua debido a un desajuste en el tratamiento

Alarma por el olor a cloro en el agua debido a un desajuste en el tratamiento

ÀLEX GUBERN | BARCELONA
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El cambio en el sistema de potabilización del agua que la compañía Aigües de Barcelona (Agbar) utiliza desde septiembre está en el origen del fuerte olor a lejía -en realidad, a dióxido de cloro- que muchos ciudadanos han detectado con alarma al abrir los grifos de sus casas en las últimas semanas.

Agbar reconoció ayer a este diario que desde septiembre el agua que se suministra a Barcelona y a otros 22 municipios metropolitanos se trata con dióxido de cloro en vez de con cloro. El dióxido de cloro ofrece más garantías y da una mayor calidad del agua, pero usado en exceso genera el muy característico olor a lejía que ha alarmado a numerosos barceloneses.

En este sentido, la misma compañía reconocía a ABC que durante estas últimas semanas se «ha ido ajustando la dosificación y afinando las cantidades de desinfectante», y que los casos de malos olores «no tienen que volver a producirse». En cualquier caso, y ante la alarma generada, desde Agbar se insistió en que el exceso de cloro no ha implicado que el agua alterase su calidad: «Ninguna analítica ha mostrado variación en los parámetros». Agbar gestiona dos de las cuatro potabilizadoras que abastecen el Área Metropolitana, la del Besòs y la de Sant Joan Despí, que ahora asume el agua de la desaladora de El Prat, funcionando ésta a un 30% de capacidad.

Pese a que la compañía asegura que la calidad ha estado garantizada en todo momento, el fuerte olor a dióxido de cloro -que se incrementa por las altas temperaturas que sufrimos- ha causado una amplia alarma.

160 llamadas en dos meses

En un periodo de 70 días la compañía ha recibido 160 llamadas por este motivo, y en Internet numerosas personas han denunciado el caso, en unos testimonios que oscilan entre la queja simple y el alarmismo más desatado. Los episodios de malos olores se han repartido por toda la ciudad -en Sants, en el Eixample de manera especial, Poblenou...-, y su duración e intensidad ha oscilado.

En la zona de Sant Antoni, por ejemplo, el «olor a lejía» fue muy fuerte el fin de semana del 5 y 6 de diciembre, y después remitió. Por contra, testimonios en otros puntos de la Esquerra del Eixample señalan que el olor persiste desde hace dos meses. Agbar insistió ayer en tranquilizar a los usuarios asegurando que la calidad y la seguridad del agua está garantizada.