shambhala
Juan siempre está
Queremos a Juan en su entusiasmo, queremos a Juan en su imperfección. Queremos a Juan en su dedicación, siempre estirando un poco más los dedos para tocar la cara de Dios
Artículos de Salvador Sostres en ABC
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Iniciar sesiónCuando tú quieres a Juan Gaspart, él ahí está. Cuando lo necesitas, también. Cuando todos le culpan y le insultan, él continúa estando. Cuando nadie habla de él, su tenacidad permanece. Éste es Juan Gaspart, el que siempre está, el que siempre lucha, el que ... nunca se cansa. El que no tiene ningún problema por decir a cada momento lo que piensa ni en prestar su apoyo a las personas a las que quiere o le conmueven aunque en muchas cosas no esté de acuerdo con ellas. El pasado viernes salí de una de las experiencias más desagradables, brutales y crueles de mi vida. Fue en el Obispado de Barcelona. Y cuando pensaba que ya nada podría levantar mi ánimo abusado, pisoteado, acribillado, vi a Juan subir las escaleras que conducen al despacho del cardenal Omella. Lo vi y no lo vi, porque estaba tan calcinado que había perdido la fe hasta en mis ojos. «Juan!» Y miró y me vio y enseguida todo lo iluminó su sonrisa sensacional, carismática, encantadora.
Y después de los abrazos me explicó que acudía a ver al cardenal porque no puede ser que cada noche en Barcelona 1.600 personas duerman en la calle. Venía de estar con el presidente Illa, al que le había solicitado que los sin papeles, la mayoría de ellos vagabundos, pudieran acceder a cursos de formación para encontrar trabajo: «Yo entiendo que no tienen papeles, y que es una situación irregular, pero algo hay que hacer, porque si no les damos esta formación, si no tienen la oportunidad de aprender algo, les estamos condenando a que roben». El presidente le había recibido, le había escuchado, pero no llegaron a ninguna conclusión. «No me preocupa, ya me entenderá, espero que el cardenal me ayude y le convenza, y si no, volveré a hablar yo con él, hasta que me entienda. No puede ser que en una ciudad como la nuestra haya tantas personas en esta situación, no podemos estar contentos de que esto pase».
Juan sabe que hay por lo menos treinta iglesias o conventos cerrados en Barcelona, y que bien adecuados podrían dar cobijo por lo menos a algún centenar de estas personas. «Yo ya sé que no voy a arreglar todo el problema pero se empieza por uno. Por conseguir que una persona que dormía en la calle tenga un techo y sea digno. Una persona es una victoria, y después de una, otra, y así todas las que podamos. Primero que no duerman en la calle, segundo que aprendan a hacer algo, tercero que encuentren un trabajo y puedan tener una vida». Juan es la voz que grita en el desierto, allanando el camino de la Gracia.
Y siempre está. Tú no lo sabes pero él está. Tú hace tiempo que no lo ves, o que no piensas en él, pero él siempre vuelve y te das cuenta de que en el tiempo que ha pasado ha estado haciendo cosas que te hacen sentir todavía más orgulloso de ser su amigo. Y en mi caso concreto, el viernes pasado, después de haber vivido una de las experiencias más desgarradoras de mi vida, ahí estaba Dios, perdón, Juan, para abrazarme, para recoger mis pedazos, para devolverme la fe en la Humanidad que justo antes casi me consiguen arrebatar. Ahí estaba Juan superstar, Juan sin que nadie se lo pidiera, Juan como siempre entregando su vida a los demás. Juan incansable, Juan invencible. Juan contra el mundo para ayudar a todos. Juan siendo él mismo, sin explicárselo a nadie, sin hacerse selfies, sin presumir en ninguna parte. Juan a lo suyo. Ha sido empresario, ha sido vicepresidente y presidente del Barça, y otros cargos como presidente de Turismo de Barcelona. Ha sido lo que le han pedido. Pero por encima y por debajo de todo esto, ha sido esposo, ha sido padre, ha sido abuelo, ha sido agradecido y generoso y ha prestado su ayuda a quien se la ha solicitado. Ha vivido pensando que él sólo podía calmar el gran dolor del mundo, y aunque no lo ha conseguido del todo, ha logrado mucho más que los que nada hicieron pensando que era imposible, o no pensando nada en absoluto.
Queremos a Juan en su entusiasmo, queremos a Juan en su imperfección. Queremos a Juan en su dedicación, siempre estirando un poco más los dedos para tocar la cara de Dios. ¿Quién le manda preocuparse de los que duermen en la calle a sus 81 años? Mientras viva ahí estará. Ahora se nos ha enamorado de Laporta, y una vez más demuestra ser un avanzado a su era porque no es en absoluto descartable que el presidente del Barcelona acabe necesitando el tipo de ayuda que se da a personas desesperadas que se han quedado sin opciones en la vida. Si le hace falta, ahí estará Juan.
Por eso cuando a veces alguien le ataca no puedo entenderlo. Hay quien dice que fue el peor presidente del Barça, él mismo lo ha dicho en alguna ocasión medio en broma. Juan fue el presidente que salvó a Víctor Valdés cuando Van Gaal quería echarlo y bajo su presidencia debutó Xavi. Gaspart no sólo tomó la decisión de fichar al niño Messi sino la de pagar un tratamiento de crecimiento que ahora es más habitual pero que entonces nunca nadie había invertido tanto para reformatear a un chaval. Antes a los genios se los fichaba hechos, como Juan fichó en su etapa de vicepresidente a Maradona, a Ronaldo y a Rivaldo, entre otros tantos. Dimitió porque los resultados no acompañaron y no quiso dañar al club de su vida con polémica alrededor de su figura, pero el Barça de Rijkaard y de Pep lo dejó preparado Juan antes de irse, tal como las relaciones con Villar y con Platini, de las que el Barça de Laporta tanto partido sacó.
Como empresario, tejió el primer gran grupo hotelero de Cataluña en una ciudad que todavía no había descubierto el turismo ni vivía de cara al mar; y unió a los empresarios del sector para que tuvieran una sola voz y mucha más fuerza en su relación con las administraciones. Sin Juan, Barcelona no habría tenido capacidad para aprovechar el boom de visitantes tras la eclosión de los Juegos. Si Juan todavía hubiera estado al frente, Ada Colau no habría podido campar a sus anchas con aquella moratoria infumable, que tanto perjudicó a la ciudad. Es verdad que el negocio de los hoteles cambió mucho y en muy poco tiempo, y que Juan no lo supo ver, o pensó que él podría continuar gestionando lo suyo a su manera; y en cualquier caso se equivocó y le tocó vivir unos muy incómodos años de decadencia, deudas y liquidación. Pero ahora que todo ha pasado, si nos hiciéramos la pregunta importante, que es si, conociendo el final y no pudiéndose cambiar, querríamos que Juan volviera a hacer lo que hizo, la respuesta sería abrumadoramente «sí», porque si bien hemos podido sobrevivir sin problema a sus defectos, no estaríamos donde estamos de no haber sido por sus muy superiores y desbordantes virtudes.
Queremos mucho a Juan. Al Juan que desarma con su sentido del humor, al Juan duro, insobornable, comprometido con lo que es justo y que no deja en paz a nadie hasta que consigue lo que lo que quiere; al Juan que siempre lo intenta, al Juan que se equivoca y se vuelve a levantar, al Juan que da la cara por las personas a las que quiere, al Juan que lo da todo hasta que crees que ya más no tiene para dar y entonces él saca como de la nada una fuerza que sólo él sabía que tenía y da todavía mucho más.
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