DEL AGUA MANSA

UN PALO CON EXCEPCIONES

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Qué clase de palo el Informe Pisa! Los que volvimos de la Feria de Guadalajara con las pilas cargadas al ver tanta juventud desbordada, tanto interés por la lectura,

tanto libro insuficiente con demanda, y tanta curiosidad juvenil por lo que se hacía en Castilla y León, se nos rebajó el optimismo en cuanto pisamos Barajas. ¡Qué revolcón con retroceso al abrir los periódicos y ver que España suspendía con todos los atributos del ceporro y que sólo obtenía una calificación destacada: sobresaliente en fracaso escolar, tal y como señalaba ABC en el exhaustivo análisis que hacía del informe. El resto del recorrido analítico se reduce a un varapalo que oscila entre el colapso de la inteligencia y el descontrol de una política reglada para obtusos en progresión.

Como un monolito inclinado, el estacazo se apuntalaba con alfileres frente a un Ministerio de Educación presidido por un gestor encantado de participar en el Consejo de ministros sólo para medidas de excepción tan discutibles como el hecho de acudir a leyes franquistas y periclitadas para restablecer el orden laboral de los controladores. Para don Ángel Gabilondo y Pujol la enseñanza no debe ser un problema. Más bien parece todo lo contrario: una especie de sastrería a la medida, que ya señalaba el filósofo Schlegel bien conocido por el señor Ministro dada su cualificación metafísica, a la que acuden los políticos inedecuados para pespuntear con delectación, según el alemán, la caricatura de sí mismo.

Sólo el Secretario de Estado para la Educación, el vallisoletano Mario Bedera, ha agarrado el toro por los cuernos, y ha dicho lo más sensato que jamás se haya escuchado de un socialista con mando en plaza desde que sus compañeros de partido empezaron, años ha, a educar bajo diseño ideológico y a legislar a la altura de los minúsculos y de los liliputienses. Y es que a Mario Bedera, tanto en privado como en sus actuaciones públicas, se le nota la formación rigurosa y las exigencias del profesor universitario que lleva dentro. Por esto ha dicho sin importarle un bledo lo que otros callan por estrategias políticas: La educación no es una cuestión de Gobierno, sino de Estado. Nunca es tarde si se abren los ojos con esta claridad meridiana.

Y claro, en todo varapalo hay sonoras excepciones. La excepción en el informe de Pisa se llama Castilla y León. La peculiaridad del sistema educativo en nuestra Comunidad Castilla no me ha pillado de nuevas y lo vengo subrayando por activa y por pasiva en cantidad de artículos siempre que ha aflorado cualquier conflicto. Resalta, en primer lugar, su nula orientación ideológica. Segundo, su legislación complementaria y nada dubitativa a la hora de atajar problemas y ajustar la excelencia. Y tercero, tiene unos gestores con sentido común que siguen al pie de la letra lo que aconsejaba Kant a todo educador: «El hombre no es más que lo que la educación hace de él. Así lo hizo Guisasola, así lo está haciendo Mateos, y así lo reconoce el informe de Pisa. El resto son mareos de perdiz.