Gratitud y generosidad

Bieito Rubido_ Director de ABC

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Uno de los peores rasgos de la condición humana es la ingratitud. Y frente a esa tara de la personalidad, está el espíritu generoso. El que se identifica en Cristóbal Gabarrón al querer reconocer, desde el desprendimiento al otro, a los demás.

Las mejores obras de Gabarrón no se encuentran en el Chelsea Art de Nueva York, el IVAM de Valencia, el Museo Olímpico de Lausana o el Parlamento Europeo. Las mejores obras de Cristóbal tampoco están pintadas sobre lienzo o mural, ni han sido esculpidas. Siendo muy buenas, extraordinarias en algunos casos, sus mejores creaciones están moldeadas a base de generosidad y agradecimiento, de responsabilidad y compromiso con su sociedad. Las obras maestras de Cristóbal Gabarrón son las que este viernes toman forma de nuevo en la entrega de los Premios que llevan su nombre y que, en nombre de todos los lectores de ABC, tengo el honor de celebrar desde estas líneas.

Sufrimos días de nerviosismo y zozobra. Gobiernos, universidades, periodistas, analistas... buscan con desespero el prozac que sanee este mundo de la profunda depresión económica que padece. Frente a esta persecución obsesiva y desquiciada del beneficio, admiro todavía más la serenidad y lucidez de quien dedica su tiempo, sus bienes y, sobre todo, su impagable talento a propiciar el deleite colectivo de la belleza, a estimular el desarrollo intelectual e inmaterial del hombre, a fomentar esos valores humanos que los tiempos modernos cuestionan por falta de rentabilidad en el corto plazo.

Ejemplo imponente de tan encomiable honradez es Cristóbal Gabarrón, consciente y consecuente con la deuda que sabe contraída con la sociedad. De ella toma la inspiración y a ella le debe el privilegio de ver el fruto de sus manos elevado a la categoría de obra maestra y colgado de las paredes de las más célebres pinacotecas. Sólo los auténticos genios como él entienden que el arte es un don reservado a las personas y que, por tanto, dejarán de disfrutarlo quienes pretendan trascender de su dimensión humana para acceder al olimpo de los dioses.

El aura del éxito no ha cegado a Cristóbal Gabarrón. Desde la humildad y la honestidad, tanto el artista murciano como su familia devuelven a su tiempo cuanto reciben de él: a través de su colección, en forma de museos, fundaciones y de unos premios que llegan a su novena edición consolidados como prescriptores de prestigio.

Artes plásticas y escénicas, Ciencias e Investigación, Deporte, Economía, Letras, Pensamiento y Humanidades, Restauración y Conservación... Las manifestaciones reservadas en exclusiva a la excelencia humana están representadas en los Premios Cristóbal Gabarrón, comprometidos con las más nobles conquistas de la persona y con su legítimo afán de superación. Cegados en hacer avanzar la tecnología y los mercados, corremos grave riesgo de olvidarnos de evolucionar nosotros mismos como humanidad.

De ahí mi felicitación a los distinguidos, pero sobre todo a la Fundación Cristóbal Gabarrón, por tener la sensibilidad de aunar en unos premios la gratitud y el reconocimiento, dos valores que indefectiblemente acompañan a las grandes conquistas de cualquier tiempo y lugar y que dibujan con trazo maestro, como el de Cristóbal Gabarrón, el rostro más noble y digno del ser humano. Sólo los hombres son capaces de hacer cultura, pero sólo la cultura nos hace humanos, sensibles, permeables a la estética, adictos al conocimiento y dignos de perpetuidad. Y la generosidad y su reconocimiento nos hace más felices.