Zamora Románica: el legado recuperado

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Un total de 22 templos de la capital han sido restaurados gracias a este proyecto cultural. Ahora los expertos abogan por avanzar en la rehabilitación del patrimonio rural

La Edad Media se vivió en Zamora de una manera convulsa. Sus territorios ocupaban entonces un lugar estratégico en el reino español. Este hecho repercutió significativamente en su legado artístico, representado por un estilo románico muy diferente al de otros puntos de Castilla y León como Palencia o Burgos. «En Zamora capital encontramos, sobre todo, arte tardorrománico del siglo XII y XIII debido al papel que jugó este territorio en la Reconquista», señala a ABC el experto en Historia del Arte, Sergio Pérez. Una circunstancia que dota al arte románico de la provincia zamorana de unos rasgos peculiares.

Recuperar y mantener en el tiempo esta seña de identidad ligada al riquísimo patrimonio monumental de Zamora es lo que empujó a la Junta a poner en marcha en 2008 el Plan Zamora Románica en colaboración con el Obispado, el Ayuntamiento y la Fundación Rei Alfonso Henriques. El proyecto cultural, dotado con un presupuesto superior a los seis millones de euros, surgió con la intención de poner en valor los 22 templos románicos de la capital. Así, uno tras otro, se han sucedido desde hace cinco años las intervenciones de un programa cuya fecha de conclusión «oficial» es mañana, aunque la Junta ya ha avanzado que se verán obras hasta el inicio de 2013, sujetas a la disponibilidad presupuestaria. Del imponente resultado de estas intervenciones hay múltiples ejemplos. Uno de los que primero llama la atención al visitante es el llevado a cabo en la Iglesia de Santiago del Burgo, templo ubicado en la calle Santa Clara, principal arteria de la ciudad y, por lo tanto, uno de los más contemplados de Zamora. Pero no es el único, pues los templos salpican todo el casco histórico de Zamora. Es el caso de la iglesia de San Antolín, que alberga la imagen de Nuestra Señora de la Concha, patrona de la ciudad. En este templo se ha restaurado el retablo que combina elementos de distinta cronología. Así, a las seis tablas pintadas y las calles laterales de la arquitectura de un retablo renacentista del siglo XVI, se suma la mazonería barroca del siglo XVII en la calle central y el ático, que albergan esculturas de San Antolín y Nuestra Señora de la Concha.

La rehabilitación del edificio se abordó en varias fases. En una de ellas se restauró el paramento vertical -en bastante mal estado- y se realizó una nueva estructura anclada a este paramento con el fin de evitar el desvencijamiento, deformaciones y los fuertes desniveles que sufría el retablo. Anteriormente se había realizado una intervención en el exterior, restaurando la espadaña y las cubiertas.

Otra de las intervenciones destacadas del plan Zamora Románica fue la desarrollada en la iglesia de Santa María la Nueva, donde ha tenido lugar uno de los más bellos hallazgos de todo el programa de recuperación patrimonial. Y es que al levantar la cubierta, en el interior del templo, se halló en el techo una viga de madera del siglo XIV de cinco metros de largo y con restos de policromía. Tras los estudios realizados por los técnicos, se llegó a la conclusión de que las pinturas, de estilo mudéjar, reflejaban unos dragones en plena batalla. Además de este descubrimiento, se restauró el interior y el exterior de la torre de la iglesia y se colocó una nueva iluminación en el templo.

San Esteban, San Vicente, San Cipriano o la ermita de los Remedios son otros de los templos incluidos en el proyecto cultural, y cuyas visitas guiadas durante las obras de restauración han permitido a zamoranos y turistas conocer sus más recónditos secretos de la mano de expertos. Así, se hizo también en el caso de la restauración del Retablo Mayor de San Antolín o de la torre de Santa María la Nueva.

Más allá de la capital

De esta forma, Zamora Románica ha ayudado también a difundir el patrimonio histórico-artístico de la ciudad fuera de la Comunidad Autónoma. No obstante, ahora los expertos abogan por dar un paso más.

«El esfuerzo realizado en la ciudad ha sido importante y los resultados bastante buenos, pero tendría que protegerse también el legado en el mundo rural», destaca el Sergio Pérez. Para este historiador que ha trabajado en el proyecto Zamora Románica, sería de «gran interés» aprovechar el valor añadido que supone la permanencia de usos y costumbres en las distintas comarcas zamoranas. «Sería genial que se promocionara también el patrimonio de los pueblos y que, en el mismo municipio, un vecino mostrara al turista su iglesia, el origen del templo y las miles de anécdotas de otros tiempos. Eso, que lo tenemos en nuestros pueblos, especialmente en las comarcas de Aliste, Sayago y Sanabria, deberíamos de aprovechar».

De hecho, este especialista considera que en la provincia de Zamora existen ejemplos suficientes como para que el románico provincial también sea tenido en cuenta. Ese es el caso de la Iglesia de Santa Marta de Tera, uno de los pocos templos románicos «puros» de la provincia, ya que en Zamora la mayor parte del arte es tardorrománico. «Esta iglesia de Camarzana de Tera es una de las más antiguas que se conservan en Zamora. Data de los siglos XI y XII y por estilo es muy similar a los templos de San Martín de Frómista o San Isidoro de León», detalla Sergio Pérez. Además, esta iglesia de Camarzana de Tera podría haber influido, según algunos historiadores, en la construcción del templo de Santo Tomé de la capital zamorana, que ahora alberga el recién inaugurado Museo Diocesano.

Entre los atractivos de Santa Marta de Tera destacan sus capiteles, esculpidos con exquisita calidad. En uno de ellos se puede observar el sacrificio del carnero por parte de Abraham: «Se trata de un románico más puro, detallado, más adornado y muy bien esculpido. Con el tardorománico todo esto va desapareciendo y se impone la sencillez. Aparecen los templos más austeros y pequeños», apunta Pérez.

La Fundación Patrimonio Histórico capitaneó los trabajos de rehabilitación de este templo, que finalizaron en 2008. En su intervención se ejecutaron una serie de drenajes experimentales, así como reparaciones y limpieza de muros y cubiertas. Asimismo, se incorporaron tejaroces para proteger las dos portadas de la lluvia y el hielo, mientras que el carbón vegetal usado en las bóvedas para formar la pendiente -al que se recurría por ser más barato y servir de aislante- fue sustituido por una estructura de madera. Otra de las intervenciones principales que se ejecutaron en el templo fue la apertura al exterior del rosetón del muro occidental con el fin de recuperar la luz y darle un aspecto más cercano a la voluntad original.

Sin embargo, no este románico puro el que más predomina en la provincia zamorana, sino el más tardío, correspondiente a los siglos XII y XIII. De este periodo data una de sus construcciones más bellas: el Monasterio de San Martín de Castañeda de la Orden del Císter, cuyo templo es la actual iglesia parroquial del municipio sanabrés. Se trata de un templo de tres naves con muros anchos y poco decorados, crucero y cabecera con tres ábsides y sus respectivos presbiterios. Entre sus rasgos más peculiares destaca la incorporación de nervios en la bóveda del crucero, que apuntan ya una incipiente influencia del gótico.

Cooperación

En los últimos meses se ha trabajado en la rehabilitación de este templo enmarcada en el llamado Plan Románico Atlántico. Se trata de un proyecto de colaboración transfronteriza en el que intervienen la Junta, la Fundación Iberdrola, la Secretaría de Estado de Cultura de Portugal y la Fundación Santa María la Real, además de las diócesis de Zamora, Astorga, Salamanca y Ciudad Rodrigo. La intervención se dividió en dos partes. En 2011 se finalizaron los trabajos para la mejora e impermeabilización de la cubierta, especialmente en la zona de los ábsides, absidiolos y sacristía, para solucionar sus problemas de humedades y a lo largo de 2012 ha comenzado la segunda parte, que consiste en la limpieza de los parámetros y techos tanto de la sacristía como del muro norte y la renovación del solado de la sacristía.

Tanto el Monasterio de San Martín de Castañeda como la Iglesia de Santa Marta son, para el experto Sergio Pérez, dos ejemplos del arte románico de gran calidad disperso por la provincia y que, a su juicio, «debería ser un complemento a la aglutinación de templos de la capital» a la hora de servir de atractivo turístico.