Olegario González de Cardedal_Teólogo

«La propia revelación divina en la Biblia se hace en clave poética»

Ha sido galardonado con el X premio de la Crítica de Castilla y León por su ensayo «Los rostros de Cristo»

FÉLIX IGLESIAS
VALLADOLID Actualizado:

—¿Tiene un significado especial que sean los críticos los que haya reconocido su ensayo «Los rostros de Cristo» y de paso su obra?

—Es un motivo especial de alegría que una obra que no tiene una pretensión literaria haya sido reconocida por los críticos. Además, es desde Castilla y León y para un tratado teológico y religioso referido a la presencia de Cristo en el arte.

—¿Y compartirlo con un poeta castellano y leonés como Antonio Colinas?

—Me alegro muchísimo. Cuando supe que los dos estábamos como candidatos fue un pequeño disgusto para ambos pues somos muy buenos amigos. Que poesía y teología conviva es una buena noticia, pues el mejor pensamiento y literatura siempre fueron juntas.

—Además, la literatura reflexiona en la poesía.

—Es más, una tercera parte de la Biblia es poesía. En la propia revelación divina, el fundamento de la Teología, se piensan las cuestiones en clave poética, como son los Salmos, el Cantar de los Cantares. En el Nuevo Testamento también hay poesía.

—«El rostro de Cristo» es la razón del premio, pero como experto en Cristología, además de alegría, se ha visto envuelto en polémicas.

—A lo largo de mi trayectoria teológica, de decenios, ha habido grupos y personas que han atacado directamente mi posición teológica. Lo acepto, pero hubiera preferido que lo hubieran hecho con más profundidad y más información. La verdad es que no me ha afectado mucho.

—El Premio Ratzinger en su primera edición, considerado el Nobel de Teología, es todo un aval.

—Evidentemente. Ha disipado todo posible malentendido de que mi teología no fuera ortodoxa ni católica. Pero la verdad es que nunca he intentado responder a esas opiniones. Mi forma de pensar en el Cristianismo es más compleja y rica, esforzándose en estar en el nivel de la conciencia histórica en la que estamos.

—«El rostro de Cristo» es un proyecto muy apegado a la región.

—Es un estudio sobre Cristo en la pintura, de castellanos y no castellanos, como sucedió en mi libro «Cuatro poetas desde la otra ladera», donde estudiaba a Unamuno y Machado, a un alemán Jean Paul Richter y a Oscar Wilde. Ahora lo hago con pintores como Velázquez, El Greco, un castellano como Diaz-Castillo, un alemán Gründwald y el francés Gaugin, así como otros muchos castellanos. Este libro de la Fundación Las Edades del Hombre intenta responder a la pregunta de cómo y porqué la fe en Cristo viviente ha sido fuente de tanta cultura en Castilla.

—Un carácter, el castellano, apegado a la tierra está muy vinculado al realismo de la escultura renacentista y barroca.

—Es el realismo de una llanura que nos enfrenta con nosotros mismos, la realidad del suelo y del cielo, donde uno no se puede ocultar de la realidad y de la verdad. Además, es la potencia y transformación creadora de la luz y del infinito. Eso ha hecho a nuestro grandes místicos y nuestros grandes poetas, desde Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, a Machado, Unamuno, etcétera.