Pista para «paracaidistas»

Zamora y Segovia son dos de las provincias más utilizadas por los partidos para «colocar» a sus candidatos

VALLADOLID Actualizado:

Son lugares que carecen de bases paracaidistas, pero en los que los partidos políticos han encontrado una perfecta pista de aterrizaje en la que «soltar» a los candidatos en busca de acomodo para ganarse un puesto fijo en las Cortes generales. En Castilla y León, a tenor de las listas de los últimos años, Segovia y Zamora son dos de los lugares predilectos por las principales formaciones para que sus aspirantes salten hacia Madrid. En general eligen circunscripciones pequeñas en las que resulta más fácil hacerse con un hueco que en la cotizada y codiciada Comunidad de Madrid.

El del actual ministro del Interior, Antonio Camacho, madrileño de nacimiento y residencia, pero buscando un hueco en la candidatura del PSOE de Zamora de cara a las elecciones del próximo 20 de noviembre en detrimento de los nombres del partido en la provincia es el último caso conocido en la Comunidad, pero no el único conocido en los últimos años.

De hecho, de cara a los comicios generales de 2008 otro «paracaidista» tomó también tierra e irrumpió en las escena política zamorana. En este caso, fue el Partido Popular el que se sirvió de la candidatura zamorana para que Gustavo de Arístegui siguiese sentado en el Congreso de los Diputados. Sin vinculación alguna con esta provincia, el diplomático madrileño compartió cabeza de cartel con el veterano político y ex alcalde de la capital del Duero, Antonio Vázquez.

El de Gustavo de Arístegui era hasta el momento el último caso de «cunero» acogido en el regazo de las listas de Castilla y León. Aunque antes de él, otros nombres reconocidos en el panorama político nacional también se sirvieron de los votos captados en urnas castellano y leonesas para sentarse en la Carrera de San Jerónimo. En el caso de Zamora, el PSOE ya coló en sus listas en 1982 al granadino José Luis García Raya. En los inicios de la andadura democrática también la UCD se sirvió de esta circunscripción para situar candidatos en puestos de salida y el PP (y antes AP) también recurrieron a esta técnica. José María Ruiz Gallardón, madrileño, fue diputado por Zamora, lo mismo que quien fuera ministro de Presidencia y Educación, el gallego José Manuel Otero Novas.

Nombres también «ilustres» figuran también entre los «paracaidistas» lanzados en Segovia, otra de las provincias trampolín hacia Madrid utilizadas por los partidos. En el PP sobresale Loyola de Palacio. La ex ministra de Aznar fue durante tres legislaturas diputada por esta provincia, a la que estuvo muy unida. Entre 2000 y 2004, justo antes de entrar en el Gobierno de Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega obtuvo su acta por el PSOE en Segovia, provincia a la que la ex vicepresidenta sigue unida. Le sucedió Óscar López, madrileño, pero con raíces segovianas. En 1996, los socialistas buscaron acomodo en la candidatura segoviana a la ex ministra de Sanidad Ángeles Amador. El propio Aznar fue «cunero» en Ávila, provincia por la que obtuvo su escaño entre 1982 y 1987.

También sin vinculación a la circunscripción a la que representó llegó en 1989 Gonzalo Robles a las listas de Salamanca. La IV fue la primera legislatura en la que logró así su acta y, desde entonces, su vinculación con tierras charras ha ido en aumento y ha repetido en la candidatura.

Garantizar el escaño

Las generales no son los únicos comicios en los que las formaciones políticas usan «paracaidistas», aunque las razones si son diferentes. También en los municipales es habitual, aunque en ese caso se busca cerrar listas y amarrar la mayor cantidad de votos. Sin embargo, en el Congreso y el Senado, lo que pretenden es garantizar un puesto en Madrid a quien cuenta con el amparo de la dirección.