Mutter en versión de cámara

ROSA SANZ HERMIDA
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Y llegó uno de los conciertos más esperados de este año, que ha contado con la presencia de Anne-Sophie Mutter en Valladolid, flanqueada del pianista Lambert Orkis y del violonchelista Daniel Müller-Schott. A este último, discípulo de Steven Isserlis y de Heinrich Schiff, hemos tenido oportunidad de escucharlo en dos ocasiones, una de ellas con la joven violinista Julia Fischer en marzo del año pasado. Ahora ha medido espadas con la Mutter, con la que ya ha compartido escenario y trabajo discográfico. Por su parte la colaboración de Orkis y Mutter es añeja (cosecha del '88) lo que, entre otras cosas estupendas, propicia su complicidad y compenetración.

El «Trío en Si bemol mayor» («Archiduque») de Beethoven ocupó la primera parte; pieza sin duda magistral desde el punto de vista compositivo pero algo árida como arranque. El vigor interpretativo de los solistas logró introducir al auditorio en la densidad de la partitura beethoveniana haciéndole degustar de su belleza: los juguetones pizzicatti de las cuerdas respondidos por el piano y la eclosión sonora preparatoria de la conclusión en el primer movimiento; las transiciones casi imperceptibles en el Scherzo, los pianísimos cantabiles del Andante o la energía desbordante del Allegro final.

El «Trío en La menor» de Chaikovski («A la memoria de un gran artista») fue la obra elegida para la segunda parte. Un dechado de virtuosismo, poesía y humor genialmente planteado y expuesto por los protagonistas de la velada. La fuerte imbricación entre los tres músicos no impidió discernir sus virtualidades individuales. Poderoso, profundo e insinuante el violín de Mutter; terriblemente expresivo y dúctil el pianismo de Orkis, y enorme y límpido virtuosismo de Müller-Schott. Una obra muy aplaudida que arrancó dos propinas; una de ellas, la «Habanera» de Ravel, pieza que en las manos de sus geniales intérpretes parece más bien una declaración amorosa «sans paroles», hermosa, tierna, delicada, acariciante. ¡Cuánto arte, cuánto talento, cuánto trabajo y qué bien desgranado!