El lienzo electrónico
La antigua iglesia de las Francesas de Valladolid acoge la muestra de videoarte - F. HERAS

El lienzo electrónico

Valladolid presenta a algunos de los videoartistas más reconocidos del mundo

FÉLIX IGLESIAS
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El videoarte surge en la década de los sesenta del pasado siglo como un elemento documental de acciones artísticas efímeras, propias de los llamados «happenings» y intervenciones puntuales, muchas relacionadas con el movimiento situacionista y el arte conceptual. Ese papel notarial fue evolucionando hasta convertirse el soporte fílmico en objeto propiamente artístico. Superada esa fase primigenia, el videoarte forma parte de los fondos de los grandes museos del mundo y es codiciado por algunos de los más importantes coleccionista de arte contemporáneo. Algunos de esos videoartistas, aunque casi todos practican varias disciplina artísticas, forman de la exposición «Iconos del Video Arte», que desde ayer se puede contemplar en la sala de Las Francesas de Valladolid.

Las quince obras expuestas forman parte de la colección Teresa Sapey y Miguel Fernández-Ballesteros y cuenta con autorías como las de de Marina Abramovic, Douglas Gordon, Anthony Goicolea o Candice Breitz.

En gran parte de los videos de la muestra, los artistas van más allá del puro impacto visual y se sirven del devenir fílmico para desarrollar debates y contrastes de diversos conflictos personales, sociales y políticos. En esa liga se sitúa «Paulicea Desvairada», de Dionisio González —único español en la selección de la exposición— que gracias a la tecnología digital reconstruye, en este caso, las favelas de Sao Paulo, dimensionando mediante inserciones de imágenes creadas la necesidad de combatir esta manifestación de la misera. En una línea similar transcurre «Montevideo: The dark side of pop», de uruguayo Martín Sastre, donde el dilema del porvenir de las instituciones políticas articulan una narrativa sarcástica.

Frente a esas cargas de profundidad, el ruso Dmitry Bulnygin materializa un sueño de voyeur: situar una camara bajo la falda de una tenista mientras juega, remarcando. eso sí, el uso impersonal del sexo en el imaginario común.

Bien es cierto que el videoarte, como se comprueba en la muestra, permite a los creadores convertir el lienzo de la pantalla en muestrario electrónico de diversos géneros artísticos, que ya se han incorporado a sectores como la publicidad y la música.