DENDOLATRÍAS

JORGE VILLALMANZO
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Uno de nuestros grandísimos bienes culturales en Castilla y León, y en todo lugar del orbe que se precie de cuidar a los hombres y a la naturaleza, es la Fundación Joaquín Díaz, situada en Urueña, Valladolid. Alberga libros especializados, es un museo etnográfico y de instrumentos musicales y un reconocido lugar de estudio y paz, protectorado de músicos de todas las edades, tendencias y países, que acuden para trabajar con Joaquín Díaz, mientras que él se empapa, a su vez, del saber de las visitas ilustres.

La clave, el respeto, pues como sostiene Joaquín, por cada cosa que enseñó, aprendo tres. Los que hemos tenido la suerte de poder ir a Urueña a visitarle, sabemos de la ingente obra de este sabio músico, investigador, recopilador, trovador, poeta… Sí, poeta, pero no en el concepto tradicional del escritor que escribe poemas a su amada (que no es poco), me refiero a ese otra idea más amplia que está relacionada con la filosofía y la mística. Joaquín, además de músico, es escritor, como todos sabemos, especialmente de cuentos, aunque ha escrito muchos libros, hoy casi todos ellos, salvo alguno que pueda dormir en los cajones de algún baúl en las azoteas de su casa, se encuentran publicados.

En sus escritos lo popular, la tradición, no es algo adscrito al pasado, es también el futuro y la esperanza, una demostración de que podemos vivir perfectamente alternando, combinando, los avances del hoy con la filosofía del ayer. En esta filosofía ancestral cuidar de la naturaleza era una obligación coincidente con el cristianismo y con otras religiones animistas. Escucho estos días el disco de Joaquín titulado Dendrolatrías. No puede ser más bello y profundo. Para Joaquín Dendrolatrías refleja su adoración hacia la naturaleza y la certeza de que el ser humano no es el centro del universo. Todo lo que toca Joaquín se hace trascendente y armónico, por estas y otras razones somos muchos los que hacemos, además del Camino de Santiago, el de Urueña.